Por: Joselo Andrade
No debería de sorprender a nadie que zurdos de toda ralea, de carnívoros a vegetarianos, lamenten la caída de un dictador. Por algo incluso, en tierra ecuatoriana llegamos a tener en el pasado un partido denominado la “Izquierda democrática”, pues siempre hubo, la izquierda que de frente jamás lo fue.
La diferencia entre estas dos izquierdas no está en la esencia, ni en las ideas de fondo, es más bien una variante de grado. Se trata más bien del nivel de compromiso con las ideas totalitarias. Una, usa la vía democrática, mientras la otra cree en “la vía armada” para tomar el poder.
Pero vamos a lo que nos convoca. Después de la caída del narco-dictador-socialista del siglo XXI aquí y en otros muchos lugares, todas (las izquierdas) no dejan de llorar. Es un problema no menor, ha caído un aliado, un camarada, un financista, un cómplice e incluso un potencial delator. Su caída trae cola.
La afectación tiene varias aristas, una de ellas es el reconocimiento de que “a la cabeza del socialismo del siglo XXI tenían a un líder vinculado de forma directa a un cartel del narcotráfico, y a otros varios grupos terroristas latinoamericanos. Para mayor reseña buscar el listado de miembros del Foro de Sao Paulo o el del “Grupo de Puebla”.
Además, se acaba de descabezar a uno de los principales financistas de la izquierda carnívora latinoamericana, y por ello, llorar amargamente es algo que desde afuera podemos comprender perfectamente. A partir de ahora, algunos de ellos tendrán que hacer algo que a todos los demás nos es mandatorio: trabajar. Dios ampare a esas pobres almas zurdas de hacer algo que no conocen: producir algo de valor, para vivir.
Pero más importante aún es lo que ese llanto revela: la defensa a ultranza de un sistema totalitario, sin importar que el 90 por ciento de la población venezolana viva en extrema pobreza gracias al socialismo, o que cerca de ocho millones de personas hayan tenido que migrar, ya sea para escapar de la miseria o de la cárcel, tampoco importan los presos políticos o la tortura en tierra caribeña. La realidad o los datos para la zurdería no importan, lo importante es mantener la idea de que, en algún momento, en algún lugar, o en algún universo, el socialismo podría llegar a funcionar. Mientras tanto, cómo me alegra su llanto, cómo me alegra.
Seguimos conversando.










