La incautación de droga, armas blancas y equipos de comunicación en los centros penitenciarios de Riobamba y Alausí expone las debilidades persistentes del sistema carcelario.

Las Fuerzas Armadas refuerzan su presencia en un escenario marcado por riesgos latentes y tensión permanente.
El sistema penitenciario de Chimborazo volvió a quedar bajo escrutinio tras una serie de operativos militares ejecutados de forma simultánea en los centros de privación de libertad de Riobamba y Alausí.
Las intervenciones permitieron retirar de los pabellones armas, sustancias ilícitas y dispositivos de comunicación, evidenciando que los controles internos siguen siendo frágiles frente al ingreso de objetos prohibidos.
Las acciones fueron desplegadas por las Fuerzas Armadas del Ecuador, a través del Ejército Ecuatoriano, como parte de un esquema de seguridad destinado a contener riesgos dentro de los centros penitenciarios y evitar que estos espacios se conviertan en focos de violencia o coordinación delictiva.
El personal militar ejecutó conteos generales de las personas privadas de libertad y realizó inspecciones exhaustivas en celdas, áreas comunes y pabellones, bajo protocolos diseñados para minimizar incidentes y garantizar el control total de los recintos.
En este proceso se detectaron 34 dosis de cocaína, un paquete adicional con la misma sustancia, así como teléfonos celulares y chips, elementos que suelen ser utilizados para mantener redes de comunicación clandestinas desde el interior de las cárceles.
También se hallaron armas blancas, pipas artesanales, cargadores y otros objetos prohibidos, cuya presencia incrementa el riesgo de enfrentamientos y hechos violentos.



