Un legado de arte y tradición que sigue vivo en Penipe

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Una tradición que comenzó hace más de 30 años, como una reunión de amigos músicos, convocados por Eduardo Baldeón, hoy es un símbolo del Corso de Carnaval de Penipe, celebrando la fiesta desde la raíz andina y popular. Eduardo entendió que el Carnaval no debía limitarse al desfile de colores y espuma. Para él, la celebración debía tener música y arte.

Más de 30 años de tradición suenan en el Carnaval penipeño.

Así, año a año, reunió a colegas, amigos y amantes de la música para recorrer las calles, llevando alegría. Quenas, zampoñas, charangos, rondadores, guitarras y tambores construyeron una identidad, una puesta en escena que conectaba con el público desde el primer acorde. La música no avanzaba detrás del Carnaval, lo guiaba, siendo en un acto de pertenencia.

Con el paso del tiempo, la posta fue asumida por sus hijos, Eduardo Baldeón Jr. y Ramiro Baldeón, quienes entendieron la importancia de preservar un legado. Hoy, más de 20 músicos integraron la agrupación, combinando ritmos tradicionales con géneros populares como la cumbia y el candombe. Entre las canciones más coreadas, estuvo el “Penipeño Gran Señor”, composición valiosa creada por Eduardo Baldeón, convertida ya en himno no oficial del cantón. El público respondió con aplausos, con baile y con esa complicidad que solo se logra cuando el arte nace desde la autenticidad.

La presencia de los Carnavaleros en el Corso fue una manifestación de que la cultura popular se sostiene y más cuando los hijos asumen la herencia con el corazón. Al final, la herencia de Ñato Baldeón no está escrita en piedra ni archivada en documentos, está viva, resonando cada carnaval con el idioma universal de la música.

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