CHAMPIONS
El último partido en bajar el telón de la jornada europea dejó una imagen poco usual, un arquero marcando de cabeza en la última jugada y un Real Madrid, desconcertado, cayendo a una instancia que no estaba en sus planes.

En Lisboa, el Benfica logró una victoria histórica y empujó al conjunto blanco fuera del selecto grupo que accedía directamente a los octavos de final. El 4-2 final fue un golpe en el marcador, en el orden simbólico del torneo. El Madrid llegaba a esta jornada en una posición cómoda, con el boleto a octavos prácticamente en el bolsillo.
Pero el fútbol, castiga la relajación, los errores acumulados y las noches mal gestionadas. Anatoliy Trubin, ucraniano y habitual último bastión defensivo, subió al área rival en un tiro de esquina final y conectó un cabezazo enviando el balón al fondo de las redes. Un gesto audaz, que terminó siendo decisivo. Fue una sentencia. Mientras el Benfica celebraba su clasificación a las rondas eliminatorias, el Madrid asumía una caída inesperada.










