TRECE DE ABRIL, DÍA DEL MAESTRO ECUATORIANO

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El trece de abril, es la fecha consagrada a enaltecer la labor fecunda y creadora del maestro ecuatoriano, este justo reconocimiento obedece a la feliz idea concebida por el Dr. Alfredo Baquerizo Moreno, a través de un decreto presidencial promulgado el 29 de mayo de 1920, cuyo objetivo era honrar al preceptor de la patria, factor importante de la cultura popular, en consideración que en esta fecha se rememora el natalicio del insigne cosmopolita Juan Montalvo, del historiados Federico González Suárez, así como del preclaro jurisconsulto Luis Felipe Borja, estos maestros íntegros y austeros se propusieron estimular, encauzar y dirigir el pensamiento y la conducta o la vida emotiva de sus semejantes.

Juan Montalvo, el libre pensador, ensayista y panfletario, la figura fulgurante de nuestras letras y de nuestra insurgencia civil, adversario inflexible de todas las formas de opresión del hombre.

Federico González Suárez, el historiador, mágico enhiesto de la patria, voz autorizada en los momentos de riesgos, Arzobispo católico, cuya fe cristiana, diáfana y trasparente se revela en su obra y en su vida.

Luis Felipe Borja, el jurista, el hombre del derecho y la justicia, apegado a la ley, a la convicción jurídica de las acciones, del deber y del sacrificio.

Por eso, con hondura de interpretación, el 13 de abril ha sido señalado como “el día del maestro” Día de los tres preceptores de libertad, de insurgencia, de cultura y patriotismo: día al mismo tiempo del jardinero de amas del presente y del futuro; día del arquitecto del saber, de la ciencia y del trabajo, en las distintas ramas de la docencia, desde la educación inicial hasta la Universidad.

Es deber honorable, entonces, pensar en esta feliz coincidencia cronológica las tres figuras señeras y singulares del 13 de abril, representan una culminación de orientaciones espirituales. No la acción gloriosa que, en el caso de insurgencia, tiene predecesores sublimes, admirables y patriotas, como Espejo, Mejía, Rocafuerte, Olmedo; en el caso de la historia, expresiones maestras como el Padre Juan de Velasco y Pedro Fermín Cevallos; José Mejía Lequerica, el parlamentario sin par, defensor incansable de la libertad en las Cortes de Cádiz.

Montalvo, excelso y castizo escritor, figura de llegada, de arribo, de culminación, es el más grande escritor hasta el presente. Con todas las excelencias y defectos del implacable panfletario nacional: exquisita cultura, buen decir, defensa permanente y apasionada de la libertad. Ama lo español y, sobre todo, el idioma español; pero ama también, lo indígena acendradamente, su frase inmarcesible sobre si su pluma tuviera el poder de las lágrimas, escribiera un libro contando el calvario del indio ecuatoriano haría llorar al mundo, es el punto de partida de la gran literatura posterior de protesta y de lucha social, que alcanzando logros definitivos en la obra de los escritores de la patria ecuatoriana.

González Suárez, conforma la trilogía de los historiadores nacionales: Velasco, Cevallos y él, significan asimismo las figuras cumbres e incomparables de nuestra venerada patria. Y no sólo por obra histórica: principalmente por la acción del hombre al vivir la historia y escribirla. Es el prototipo del ser patriota, sus concepciones magistrales expresadas en momentos críticos, de peligro y amenaza para la patria. Cuando dijo con valor y con acierto: “Si es necesario que el Ecuador desaparezca, que desaparezca; pero no enredados en los hilos de la diplomacia, sino en los campos del honor, al aire libre, con el arma al brazo”, el Ecuador entero sintió que alguien había hablado por él. El Ecuador estremecido, sintió asimismo que había llegado la hora de hacer escuchar su voz. Y su obra monumental y eterna: “Historia General del Ecuador” es más que la enseñanza veraz de los anales de la nacionalidad, sino una lección de civismo, de hombría, de patriotismo, de comprensión de la esencia ecuatoriana.

Luis Felipe Borja representa en sumo grado, las calidades del sabio y del ecuatoriano ejemplar. En las horas aciagas de la Patria, su figura señorial y erguida se impone al Ecuador, desde la Presidencia de la Junta Patriótica Nacional, exaltar la fe heroica de los ecuatorianos, para la defensa de su heredad territorial. Es el jurisconsulto sapiente, de amplia cultura literaria, el orador que convence y conmueve y en escrito, el autor de esa suma clarividente de conocimiento jurídico, estos dones laudables le convierten en el adalid esforzado, en los campos de la acción y en los de la alegación jurídica, por su vocación de patriota, íntegra y sapiente.

Tres mentores, tres figuras claras de la esencia de lo ecuatoriano: libertad, cultura, insurgencia, para ejemplo y paradigma de las generaciones presentes y las que vendrán. Lecciones que hemos de seguir, sin descaminarnos, sin perdernos, fieles a sus principios e ideales.

Y la experiencia está allí cuando hemos abandonado las sendas de la libertad, que estos tres grandes maestros señalaron, hemos perdido el norte, nos hemos sumido en los abismos del odio fraterno. Cuando – en un período aciago – no somos fieles seguidores de las palabras del ilustre Arzobispo, caímos “enredados en los hilos diplomáticos”.

El 13 de abril debe ser día de gozo, congratulación y felicidad, en que confluyen, como en el decreto de los astros, el nacimiento o la muerte de tres figuras fundamentales de la ecuatorianidad.

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