Tarea ineludible del presidente

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Tomás Moro en su inmortal Utopía, nos presenta una República en la que todos sus habitantes han alcanzado la felicidad por la acción de un Estado donde no existe nada privado, pero sus habitantes son ricos porque todo es común. Por supuesto es un lugar inexistente. Es  más bien una doctrina, un proyecto político irrealizable al momento de su formulación. Sin embargo, la utopía nos  permite  soñar con un mundo mejor, más solidario y más justo en donde la sociedad ya no es oprimida y todos viven en armonía, en plena felicidad.

 En el caso ecuatoriano, la Constitución vigente nos permite soñar en el , vivir como uno de los principios fundamentales a través de erradicar la pobreza y promover la “redistribución equitativa  de los recursos y la riqueza”. Es un proyecto político lleno de optimismo que como toda utopía, puede aparecer como irrealizable en un momento dado. ¿Hay que renunciar o trabajar en ello, es decir,  en la utopía del buen vivir, sinónimo de felicidad?  De  ninguna manera. El buen vivir nos involucra a todos, gobierno y ciudadanía, porque todos tenemos derecho a la felicidad.

En las circunstancias actuales de gravísima crisis que vive el Ecuador por la pandemia del coronavirus, la tarea fundamental del presidente y su equipo de trabajo está ligada fundamentalmente a tomar decisiones y acciones urgentes en materia de salud.

Cierto es que la pandemia tiene de rodillas al mundo, que tiene temblorosos y estremecidos de impotencia, de incapacidad de encontrar soluciones rápidas a gobernantes y científicos para  frenar el avance incontrolable de este, hasta ahora, mal sin remedio. Pero este azote que nos encuentra a los ecuatorianos llenos de corrupción, débiles, perezosos y cómodos, metidos en un laberinto del que no sabemos cómo ni cuándo saldremos, debe trocarse, transformarse en una historia de resiliencia colectiva, de tenacidad,  disciplina social, entereza, coraje y valor bajo un liderazgo presidencial que debe trascender con ingenio, con honestidad, trabajo,  las circunstancias actuales, más allá de la demagogia, de cálculos  e intereses politiqueros y electoreros.  Todo será posible si reconstruye el país con unidad, civismo, organización y grandeza de alma.

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