SOÑAR NO CUESTA NADA… Ecuador se equivocó con Colombia

Facebook
Twitter
WhatsApp
Email

Por: Fedgar

La política exterior no admite impulsos ni lecturas superficiales. En diplomacia, cada gesto cuenta y cada silencio también. Hoy, con distancia y perspectiva, resulta inevitable afirmar que Ecuador se equivocó con Colombia, no por afinidades ideológicas ni por simpatías personales, sino por haber gestionado la relación bilateral con improvisación, torpeza estratégica y falta de visión de Estado.

Colombia no es un vecino cualquiera. Es un país con el que compartimos historia, comercio, seguridad, migración y una frontera viva, compleja y frágil. Cualquier error en esa relación se traduce inmediatamente en efectos internos: aumento de la inseguridad, debilitamiento del control fronterizo, tensiones comerciales y mayor presión social. Tratar la relación con Colombia como un asunto menor fue un grave error político.

El Ecuador apostó por una diplomacia errática, más pendiente de la coyuntura interna que del tablero regional. Se confundió soberanía con aislamiento, firmeza con descortesía, y prudencia con silencio. En lugar de fortalecer los canales de diálogo y cooperación, se optó por mensajes ambiguos que generaron desconfianza en Bogotá y dejaron al país sin un aliado clave en momentos críticos.

El impacto de este desacierto no es abstracto. Se siente en la frontera norte, donde el crimen organizado, el narcotráfico y los grupos armados no reconocen límites territoriales ni discursos oficiales. Se siente en el comercio binacional, afectado por decisiones políticas mal calibradas. Y se siente, sobre todo, en la percepción internacional de un Ecuador que parece reaccionar más de lo que planifica.

La diplomacia exige coherencia y memoria histórica. Colombia ha sido, con tensiones y desacuerdos, un socio estratégico indispensable. Romper puentes, aunque sea de forma simbólica, en un contexto regional inestable fue una apuesta riesgosa. Los países no se dan el lujo de enemistarse con sus vecinos; se dan el deber de administrar inteligentemente sus diferencias.

Rectificar no es claudicar. Replantear la relación con Colombia desde una lógica de cooperación en seguridad, comercio y desarrollo fronterizo no implica renunciar a la soberanía, sino ejercerla con inteligencia. La soberanía no se defiende con gestos altisonantes, sino con resultados que protejan a la población.

Como soñar no cuesta nada, ojo, la historia no juzga a los países por sus discursos, sino por las consecuencias de sus decisiones. Y cuando la política exterior se vuelve rehén del error, el costo lo pagan los ciudadanos. Ecuador aún está a tiempo de corregir el rumbo. Porque en geopolítica, como en la vida, equivocarse es humano; persistir en el error es imperdonable.

Facebook
Twitter
WhatsApp
Email