La frontera que debemos aprender a diferenciar
Por: Fedgar
En la actualidad, es común que muchos ecuatorianos respondan con desconfianza o incluso rechazo, al insinuar hablar de política. Esta percepción negativa se debe, en gran medida, a la confusión entre lo que significa la política como instrumento de transformación social y la politiquería como práctica de manipulación y búsqueda de beneficios personales. Pues, el saber distinguir entre ambas, resulta fundamental para fortalecer nuestra democracia y exigir el liderazgo que el país necesita.
La política, en su sentido auténtico, es el arte y la ciencia de gobernar, de tomar decisiones que afecten al conjunto de la sociedad y buscar el bien común. Se basa en principios, ideologías claras y planes de gobierno que responden a las necesidades de la población. Los políticos verdaderos trabajan para construir estructuras que mejoren la calidad de vida de las personas, desde la creación de políticas públicas en educación y salud hasta la planificación del desarrollo territorial y la promoción de la igualdad. Por lo tanto, la política debe ser un servicio al pueblo, no un negocio. En consecuencia, ello implica escuchar las demandas de la ciudadanía, negociar consensos y tomar decisiones que, aunque no siempre sean populares, sean necesarias para el progreso del país. Ejemplos de esto se ven en líderes que han impulsado reformas estructurales, invertido en infraestructura estratégica y trabajado por la inclusión de sectores marginados, sin buscar beneficios personales a cambio.
En contraste, la politiquería se centra en los intereses particulares o de grupos pequeños, por encima del bienestar colectivo. Se caracteriza por la demagogia, la manipulación de la información, la búsqueda del poder por el poder y el uso de recursos públicos para fines personales o de campaña. Las prácticas politiqueras incluyen la compra de votos, la distribución de favores a cambio de apoyo, la creación de conflictos artificiales para distraer la atención de problemas reales y la falta de compromiso con las promesas realizadas.
La diferencia entre política y politiquería no siempre es fácil de distinguir, especialmente cuando ciertos medios de comunicación o las redes sociales amplifican los mensajes más sensacionalistas. Sin embargo, los ciudadanos podemos aprender a identificar las señales, los líderes políticos hablan de proyectos a largo plazo y de beneficios para todos, mientras que los politiqueros se centran en ataques personales y en promesas inmediatas sin sustento. El camino hacia una democracia más sólida pasa por educarnos políticamente, exigir rendición de cuentas y elegir representantes que demuestren compromiso con el bien común. Solo así podremos recuperar el verdadero sentido de la política y alejar la politiquería que nos ha costado tanto como país
Como soñar no cuesta nada, debemos convenir con el pensamiento y criterio del doctor Ricardo Mendoza, quien afirma que, “la politiquería se alimenta de la ignorancia y de la apatía ciudadana; ya que, cuando no exigimos transparencia y responsabilidad a nuestros líderes, esta práctica se fortalece y debilita el tejido social”.





