SOÑAR NO CUESTA NADA…

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Una comunicación ética, esperanza para los pueblos

Por: Fedgar

Este pasado lunes 5 del mes y año que de curren, se conmemoró el día del periodista ecuatoriano. Pues, en tiempos de incertidumbre, cuando la verdad parece diluirse entre rumores, titulares estridentes y discursos interesados, la comunicación se ha convertido en uno de los campos de mayor disputa moral de nuestra sociedad. No se trata solo de informar, sino de decidir qué país queremos construir a partir de lo que decimos, callamos o distorsionamos.

La comunicación ética no es un lujo académico ni una consigna romántica, es una necesidad democrática. Un pueblo desinformado es un pueblo vulnerable, fácilmente manipulable, incapaz de tomar decisiones libres y conscientes. Cuando la noticia se publica sin verificación, cuando la opinión se disfraza de hecho o cuando el interés político o económico se impone sobre la verdad, se rompe un pacto silencioso entre quien informa y quien confía.

La verificación de la información es hoy un acto de responsabilidad social. En la era digital, donde una falsedad puede recorrer el país en segundos, contrastar fuentes, contextualizar datos y asumir errores no debilita al periodista ni al medio; por el contrario, los fortalece. La credibilidad no se construye con primicias apresuradas, sino con coherencia, rigor y honestidad sostenida en el tiempo.

Pero la comunicación responsable va más allá de la técnica. Implica sensibilidad humana. Significa entender que detrás de cada titular hay personas, familias, comunidades enteras que pueden verse afectadas por una palabra mal usada o una imagen fuera de contexto. Informar no debe ser sinónimo de herir, estigmatizar o alimentar el miedo colectivo.

En sociedades como la nuestra, marcadas por la polarización, la inseguridad y el desencanto institucional, los medios y comunicadores tienen un rol insustituible, contribuir a la convivencia, no al enfrentamiento; a la reflexión, no al odio; al diálogo, no a la imposición. La libertad de expresión pierde su sentido cuando se convierte en licencia para la mentira o la irresponsabilidad.

La esperanza de un pueblo no se sostiene únicamente en discursos políticos o promesas electorales. También descansa en la palabra bien dicha, en la noticia bien contada, en la opinión argumentada con respeto. Cuando la comunicación recupera su ética, la sociedad recupera confianza; y cuando hay confianza, todavía es posible imaginar un futuro compartido. Como soñar no cuesta nada, al final, la pregunta no es solo qué informamos, sino para qué y para quién lo hacemos. En esa respuesta se juega, silenciosamente, la dignidad de nuestra comunicación y la esperanza de todo un pueblo. Por ello, LOOR AL PERIODISTA ECUATORIANO.

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