Somos testigos impotentes…

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Por: Fedgar

Los ecuatorianos absortos e incrédulos somos testigos impotentes de lo que sucede en el “País de Manuelito”, donde todo suena a incredulidad, desconfianza pavor y terror.

Pues, la situación socio-política en Ecuador, se la puede definir, sin lugar a equivocarse como una severa crisis de seguridad vinculada al narcotráfico, que ha permeado las instituciones del Estado, incluyendo el sistema de justicia y las fuerzas del orden, debilitando la gobernabilidad. La política se caracteriza por una alta polarización, impunidad estructural y la lucha por el control judicial.

Las pautas para entender la crisis político-judicial en Ecuador, debe partir de un análisis profundo sobre las aristas del crimen organizado que actúa como actor político, con infiltración en la policía, fuerzas armadas y sistema de justicia. Esto ha provocado una crisis de inseguridad sin precedentes, con altas tasas de violencia.

Existe una lucha constante por controlar la justicia, utilizada como herramienta de impunidad o persecución política. La Fiscalía ha iniciado procesos contra altos funcionarios, incluyendo jueces y miembros del Consejo de la Judicatura, evidenciando la corrupción dentro del sistema judicial,

La corrupción y la impunidad erosionan la confianza ciudadana en las instituciones. Se describe al país como una democracia frágil o “régimen híbrido.

La falta de consenso entre actores políticos profundiza las divisiones, dificultando la estabilidad gubernamental.

El Consejo de la Judicatura, responsable de nombramientos, enfrenta críticas por irregularidades, y la justicia se usa a menudo como un “patio trasero” para asegurar poder político.

A pesar de la inversión pública, no se resuelven problemas estructurales de pobreza, lo que alimenta la violencia y el reclutamiento de jóvenes por bandas criminales.

Comprender la coyuntura actual requiere mirar la intersección entre el crimen organizado, la fragilidad institucional y la lucha de poderes por el control de la justicia.

Esta radiografía política, social y judicial, resulta escalofriante y desesperanzadora, toda vez que todo está contaminado, todo está podrido, todo está en tela de duda. Como comenta la gente, todos estamos en el campo de la sospecha. Grave, gravísimo el estado al que hemos llegado, sin ser arte ni parte de lo cuestionable.

Como soñar no cuesta nada, unámonos para salir juntos del marasmo en el que estamos metidos; la mayoría sin ser actores o encubridores. A lo mejor cómplices, sí, por no haber, hecho el reclamo a tiempo y haber permitido que escale la descomposición ética y moral, hasta el nivel que hoy en día, estamos.

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