¿Se está tornando intolerable?

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El encierro nacional está desde ahora en manos de los más de doscientos gobiernos autónomos descentralizados porque el gobierno central así lo decidió. La mayoría de las autoridades seccionales del país, decidió iniciar esta nueva etapa con el semáforo en rojo. Inclusive, en el caso de Chimborazo, el municipio de Chunchi, que hasta ahora, se encuentra libre de contaminación. Su alcalde considera que la medida es acertada, por cuanto el conocimiento y la cercanía de la territorialidad, le permitiría a la administración seccional tomar decisiones oportunas y pertinentes, siempre en concordancia con las políticas implementadas desde el gobierno central.

Pero más allá de las políticas y decisiones gubernamentales, más allá de las razones  y fundamentos que justificaron la paralización de las actividades y la reclusión forzada de millones de ecuatorianos, el problema de fondo es hasta cuándo el pueblo, los barrios marginales, los trabajadores informales y toda la población misma, aguantarán el encierro colectivo. Lo peor del caso es que, por el momento, ni siquiera hay posibilidades, perspectivas de avizorar la luz al final del túnel. Y ni las autoridades, ni la ciencia, ni los gobiernos a nivel mundial están en capacidad de dar una respuesta certera.

El problema es que la crisis económica y social se va agudizando día a día, que la desocupación, la pobreza y la indigencia está avanzando en picada a nivel nacional. ¿Acaso no es una muestra del avance del desempleo lo ocurrido en nuestra ciudad, donde 130 trabajadores de una empresa fueron despedidos?  El país, con una economía en incuestionable crisis, pierde cerca de 200 millones de dólares diarios a causa de la paralización por la pandemia sanitaria…¿No es esto una evidencia de que hemos entrado ya en una etapa recesiva sin precedentes en nuestra historia?

La pandemia sanitaria nos va a pasar factura a todos, a unos más que a otros; pero todos debemos entender que el cuidado de la salud física, mental y sicológica es vital; y que las probabilidades de contagio son muy altas y que,  por lo mismo, la conducta social disciplinada, cuidadosa se impone más que nunca. Aunque el encierro se esté tornando intolerable.

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