REMIGIO CRESPO TORAL: 100 AÑOS DE UNA IMPONENTE CORONACIÓN

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Héctor A. Estrella A.

El 4 de noviembre de 2017 se cumplió 100 años de la majestuosa y apoteósica coronación de uno de los excelsos poetas del Parnaso Ecuatoriano. Cuenca su ciudad natal, fue el escenario de este imponente suceso histórico literario, con el cual se estaba honrando la memoria del más insigne de los líridas de la patria, fue laureado como vate nacional, en un acto significativo, trascendental y solemne, al que asistieron representantes de las instituciones oficiales y de los centros intelectuales de todo el país.

Poeta polifónico. Nació en Cuenca el 4 de agosto de 1860 y falleció en la misma ciudad, el 8 de julio de 1939. Los estudios primarios los realizó en el hogar paterno, los secundarios en el colegio de los jesuitas y el título de doctorado en Jurisprudencia en la Universidad Azuaya. Representó varias veces ante el Congreso como Diputado y Senador, a su provincia. Visitó algunos países de Europa en función políticas y culturales. Durante tres períodos fue Rector de la Universidad de su ciudad; fue el mentalizador de la .Fiesta de Lira, miembro de la Academia de la lengua. En 1885 fundó el periódico político literario El Progreso. Fundó la Revista La Unión literaria.

Su obra literaria ha sido una de las más trascendentales del quehacer poético de nuestra patria. Remigio Crespo Toral fue un polígrafo diáfano, espontáneo y transparente. Escribió en prosa y en verso. En prosa sus artículos comprenden temas literarios, patrióticos, jurídicos y religiosos; Olmedo; Miguel Moreno; La sombra de Sucre; García Moreno; Genios; Ensayos. En verso: Últimos pensamientos de Bolívar; América y España en el Porvenir; El ocaso de un genio; Leyendas de Arte; Los idilios de la muerte; Mi poema; Leyenda de Hernán.

Remigio Crespo Toral es un poeta donde se dan en unidad de tiempo, tres escuelas con sus características bien definidas: el clasicismo, el neoclasicismo y el romanticismo. Es clásico en cuanto logra equilibrar el sentimiento y la razón. Neoclásico cuando sus emociones se degenera hasta intelectualizarse dentro de la composición. Romántico en ese amor sin límites a la naturaleza y en su devoción cuasi religiosa a la música interna del verso.

De su poliédrica figura son aristas fácilmente observables el de poeta, prosista, ensayista, pero por su genio creativo sobresale la del poeta. Nos referiremos por ahora, solamente a la del bardo de fuste y de mérito, coincidiendo con el criterio expresado por el insigne poeta Jorge Carrera Andrade: “La poesía no solo es un conjunto de formas y de música, sino también y, sobre todo, una dirección del espíritu humano.

Esta afirmación del poeta planetario, nos permite recordar el verso con exuberancia de prosa del laureado poeta de la “Atenas del Ecuador”.  Remigio Crespo Toral. Tal fue su obra. Perenne, luminosa y transparente, abarcó todos los meridianos de la inteligencia, refrescó todas las latitudes de la mentalidad. Prosador conceptuoso y castizo; crítico perspicaz y justiciero; historiador profundo e imparcial; acertado defensor de derechos; burilador de acontecimientos, exponente genuino de oratoria; internacionalista vertical; conductor auténtico de juventudes; enaltecedor de próceres; ensayista consumado; legislador sereno; y por encima de esa gama casi desconcertante de aptitudes, poeta, poeta máximo, poeta en la extensa y legítima significación del término. Poseyó el don envidiable y portentoso de la palabra sobria o alada; realista o imaginativa; de la palabra que brota, corre, arrulla, unciona, exalta, inmortaliza, porque es siempre expresión de exactitud y de belleza. Así fue la palabra suya; así la leemos en sus escritos; y así, singularmente, la escucharnos en sus cantos. Épico o lírico, descriptivo o sentimental; sencillo o altisonante; tierno o grave; retórico o innovador; pulido o espontáneo; pero poeta, en todo momento, gran señor del fondo y de la forma; haciendo de cada estrofa una lira; de cada idea un cuadro y de cada rima un marco de impecable talla. Así lo vimos y oímos ensalzando a la raza, enalteciendo a los héroes, ahondando a la patria, describiendo el terruño, sublimizando el amor y enardeciendo el sentimiento religioso.

Por lo expuesto, y sin lugar a equivocarnos, al rememorar el centenario del acto de coronación, convertido en el regocijo más grande que hasta hoy haya tenido Cuenca, el hijo predilecto de esta ciudad poema, tenía en sus sienes. Era el 4 de noviembre de 1917; este acto laudable, con toda justicia es digno de la tierra natal del bardo y de la patria entera. Los escritores del linaje de Remigio Crespo Toral, no tienen tumba, son eternos, su voz nunca morirá, y nunca se sabrá dónde termina su influencia, con el reconocimiento merecido que la patria le tributó, el nombre del esteta mayor de todos los tiempos, el perínclito cuencano mora en el Olimpo de los genios, y pasa definitivamente a formar filas en la legión de los predestinadas a la gloria eterna e inmortal.

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