Opinión

Lolo Echeverría Echeverría

Hemos iniciado un año electoral y empezamos a construir pronósticos y fabricar candidatos…De entre las maneras de plantear la pregunta para obtener un pronóstico puede ser: ¿con quién te gustaría reemplazar a Lenín Moreno? Mi propósito no es contestar la pregunta sino aportar elementos que puedan ayudar a construir un pronóstico electoral.

Hay tres fuerzas que tienen probabilidades de poner un candidato en la segunda vuelta electoral, la derecha, la izquierda y el populismo. No se puede descalificar a la derecha porque el movimiento pendular, uno de los factores importantes en el análisis electoral, indicaría que tras un gobierno fallido de izquierda se reclamará uno de derecha y después de un gobierno débil, un gobierno fuerte.

La derecha cuenta con dos candidatos importantes y puede ocurrir que el uno derrote al otro antes de ir a las urnas, que los dos hagan una alianza o que sean derrotados ambos.
El populismo cuenta con un electorado duro que no obedece a argumentos, se entrega con fe ciega a su líder. Tampoco al caudillo le interesan ideologías, reclama adhesión emocional y valora la lealtad por encima de todo.

La izquierda tradicional no tiene votación suficiente para albergar la esperanza de pasar a la segunda vuelta, pero si lograra unirse con los indígenas que también se adhieren a tesis de izquierda, pudieran entrar en la pelea por el paso a la segunda vuelta. Las tres tendencias pugnarán por entrar en la segunda vuelta porque ninguno luce capaz de ganar en la primera.

Luego habrá una docena adicional de candidatos que entran por vanidad, por el dinero de la campaña, por ingenuidad o por sembrar su nombre para el futuro. Se dirá que los electores ya no creen en derechas ni izquierdas, que no creen en ideologías ni en partidos, que no creen ni siquiera en las elecciones. Entonces habrá que preguntar, tomando el título de un libro célebre: ¿en qué creen los que no creen? El libro que lleva este título es un debate epistolar fascinante entre el filósofo Umberto Eco y el jesuita Carlo María Martini sobre los valores éticos comunes a creyentes y no creyentes.

Volviendo al campo electoral, los que dicen que ya no creen en nada, en realidad sí creen en lo que reniegan o en la magia como solución. Los magos son respuesta en política como los apocalípticos en la religión. Grupos humanos oprimidos que no ven salida en la acción inmediata y esperan que las fuerzas cósmicas derroten a sus enemigos, como dice Martini de los apocalípticos: en ellos “hay una gran carga utópica y una gran reserva de esperanza, pero al mismo tiempo, una desolada resignación respecto al presente”.

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