Preocupante: medio libro por año

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Los ecuatorianos debemos estar muy preocupados  por los resultados de una investigación realizada por  la Unesco (2012) respecto de la lectura. En Ecuador  se leyó medio libro por año (2011), mientras en Chile se leyeron 5,4; en Colombia, 2.2; en España, 10.3. Según el mismo informe, la diferencia es astronómica si nos comparamos con los noruegos, los chinos, los suecos y los finlandeses  que, en el año de referencia (2011), leyeron 47 libros.

Posiblemente frente a esta realidad, el Gobierno Nacional a través  de los  ministerios de Educación, Cultura y Patrimonio, lanzó la campaña nacional YO LEO, como parte del Plan Nacional de Lectura, concebido como un “proceso permanente, estable y dinámico dirigido a los estudiantes, docentes y a la comunidad a nivel nacional, en el que no solo contempla la participación de organismos estatales, sino también de los Gobiernos Autónomos Descentralizados (GAD) y organizaciones sociales”.

Es de esperar que esta decisión política, aparejada a la capacitación docente, transforme esa deprimente realidad que, sin duda alguna, incide en el desarrollo nacional en todos los aspectos.

Una sociedad que lee es una sociedad crítica y por lo mismo menos vulnerable a la demagogia y politiquería, más comprometida a la lucha cívica, más exigente a la transparencia y rendición de cuentas de sus gobernantes, más respetuosa de las leyes que la rigen, más amante y comprometida con la democracia. Y en el plano individual mediante la lectura, el lector tiene ante sí una ventana abierta al infinito, que estimula su creatividad, refuerza sus procesos cognitivos, fortalece sus habilidades de pensamiento, desarrolla capacidades de solución de problemas y aprendizaje autónomo, interactúa con diversas expresiones culturales, abre un abanico de posibilidades para participar  en situaciones de comunicación más creativa; le permite el goce estético frente a un texto literario; y hasta le posibilita la experiencia de cambio de vida que implica leer.

La lectura es, ciertamente, una costumbre saludable para el cuerpo y el espíritu; pero además, compartida con compañeros de aula, con amigos, en casa, puede convertirse en un bienestar colectivo, social, formativo.

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