“Pase del Niño de Riobamba”, Patrimonio Cultural Inmaterial de Ecuador

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Desde una perspectiva antropológica, los pases del Niño, que ya están presentes en las calles de Riobamba, son expresiones de un sincretismo cultural donde la cosmovisión andina se entremezcla y se fusiona con las prácticas católicas, una suerte de simbiosis cultural, donde la cultura dominante y la dominada mantienen una íntima relación desde la época de la Colonia y se han convertido en un importante referente de la profunda fe católica del pueblo ecuatoriano.

Aquí, en el Centro del País, el Niño Rey de Reyes, venerado según ciertas versiones desde  1797 en el barrio Santa Rosa, es  un ícono de la devoción que miles de creyentes mantienen por la Divina imagen. Bajo el obispado de Víctor Corral  “nació”  el  Niño Rey de Reyes Chimborazo que, popularmente comenzó a denominárselo el “Niño Clonado” y que también tiene sus devotos. Al igual que lo tiene el “Niño Chimborazo” de la Escuela de Danza Chimborazo de un cultor del arte de la ciudad.

 Se podrá decir que cada familia, cada barrio, cada institución tiene “su  Niño” alrededor del cual se unen, se organizan para su profesión de fe. Si se uniera la fuerza de convocatoria de los  “Niños” de ojitos negros  y de ojos azules, estaríamos ante la posibilidad de contar con un evento religioso único, un pase  de dimensiones  extraordinarias. ¿Acaso el Niño no nos quiere ver unidos,  antes que separados?

 En este contexto, como resultado de un trabajo de investigación encabezado por el Municipio de Riobamba y con el acompañamiento técnico del Ministerio de Cultura y Patrimonio, así como del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC), el Ministerio del ramo, en septiembre de este año, emitió una certificación de que el “Pase del Niño de la ciudad de Riobamba” es Patrimonio Cultural Inmaterial de Ecuador, por tratarse de “una de las expresiones religiosas y culturales de mayor representatividad del país andino” que cuenta con la participación activa y comprometida de la  comunidad riobambeña.

¿No será pertinente que el GADR emita una ordenanza para  regularizar, normar este patrimonio cultural para, al igual que el Pase del Niño Viajero de Cuenca, se convierta en un evento religioso que congregue a miles de devotos y atraiga  a otros tantos miles de turistas, que dinamizaría significativamente  la economía del centro del país?

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