Héctor Cárdenas Mazón

En 2009, la influenza AH1N1 (gripe porcina) causó 575.000 muertos en todo el mundo.

“Si hoy el mundo despertara con un nuevo brote de influenza como el del 2009 podría extenderse por el planeta en menos de 36 horas y terminaría con la vida de hasta 80 millones de personas, además de arrasar con el 5 por ciento de la economía global”; este escenario catastrófico fue presentado por la Junta de Monitoreo de Preparación Global (GPMB), órgano independiente creado por la OMS.

Ahora, hace pocos días, apareció en China un virus desconocido que ataca al sistema respiratorio y que ya ha ocasionado 440 enfermos en cuatro países y 9 muertes.
En América, ya ha cruzado el Pacífico hasta llegar a la costa occidental de EE UU. Este virus que no necesita de un vector para su trasmisión entre humanos, como lo hace el dengue o zika, se llama virus de Wuhan.

Lo que se sabe es que pertenece a una cepa desconocida de coronavirus, una familia de patógenos que abarca desde resfriados comunes hasta el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS), una forma grave de neumonía. Se sospecha que los virus saltaron a los humanos desde un mercado de animales vivos en la localidad de Wuhan. Es probable que el virus pasase de un huésped primario a otra especie por mutación, y que en otra posterior, en su contacto con personas, llegase a ellas.

Una vez ha logrado adaptarse a un huésped humano, el virus se pega a sus células, pierde su envoltura, inyecta su ARN, que actúa como un mensajero para ordenarle al núcleo que lo multiplique. Así, se fabrican réplicas del virus que salen al ambiente a afectar nuevas células. Ocurrido este fenómeno, en las vías respiratorias quedan muchos virus sueltos que mezclados con los productos de las reacciones que ocasiona su presencia (moco, sangre y otras secreciones) fácilmente pueden ser expulsados a través de la tos, el estornudo, la saliva o con el contacto humano.

Los síntomas son los típicos de las infecciones respiratorias de las vías altas, similares a los de la gripe, pero más intensos: fiebre, dolor de garganta, y fatiga, tos seca y, en muchos casos, dificultad para respirar. Por tratarse de una entidad nueva, el organismo humano carece de respuesta inmunológica. Mientras esta se elabora, el virus avanza, y quienes tengan bajas defensas, atraviesen por enfermedades crónicas, sean niños pequeños o adultos muy mayores pueden ser presas fáciles de la expansión viral.

No existe una vacuna ni tratamiento específico. Hoy, la OMS se reúne con urgencia para enfocar el problema. Se aconseja el lavado exhaustivo de las manos, cubrirse la
nariz cuando estornudan, incentivar las medidas de higiene en la cocina, lo que incluye la preparación y la cocción completa de alimentos de origen animal.

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