Ordenanza municipal que vela por el ornato

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editorial

Según una ordenanza municipal vigente en Guayaquil, quienes afecten el ornato de la ciudad  tienen que pagar multas de 80 a 500 dólares. La ordenanza contempla 33 motivos por los que una persona puede ser sancionada económicamente por la mala disposición de desechos. Por ejemplo, quienes tengan descuidada su acera o quienes arrojen a la vía pública desechos sólidos como colillas de cigarrillo o botellas de todo tipo son penados con multas del 20% del salario básico, es decir $ 80. Por la reincidencia se aplica un recargo mensual del 100%. La Municipalidad porteña, al mando de la Alcaldesa, se halla empeñada en cambiar la actitud de los ciudadanos respecto de la necesidad de depositar correctamente los residuos, mediante perifoneos, vigilancia, visitas puerta a puerta, asambleas comunitarias y otras campañas preventivas que involucren a la comunidad.

Las calles, plazas, avenidas, estadios, mercados,  vías de la patria y todos los lugares públicos no pueden ser espacios para votar basura, para acumularla. Y en la tarea de convertir  estas  áreas  en zonas libres de basura, de porquería, de impurezas e inmundicias, de asquerosidades es compromiso de todos, de vecinos y autoridades,  porque  una ciudad, una parroquia, un barrio requiere el involucramiento de sus moradores, puesto que una ciudad no es más limpia porque más se barre, sino porque menos se la ensucia.

Desconocemos si en la ciudad de Riobamba hay una ordenanza que impida y sancione estos desafueros. Lo que sí nos consta es que muchos sitios de la urbe, incluidos los mercados,  muestran desaseo. Y hasta persiste la barbarie, la poca educación, la falta de respeto al espacio público, la pésima costumbre de lanzar desde las ventanillas de los autos particulares y públicos, fundas plásticas con desechos, cáscaras de frutas y hasta pañales desechables y tarrinas con restos de comida. Si se acumulara todos estos desechos lanzados en las vías ecuatorianas y hasta en las calles de las ciudades, seguramente se acumularían algunas toneladas.

Pero más allá de la existencia o no de la ordenanza, lo importante es que los cambios en la urbanidad y buenas costumbres deben generarse en las familias y, sobre todo,  en los procesos educativos.

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