¿Más vandalismo?

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“Ahí está el detalle” es una de las mejores películas (comedia) protagonizada por el mexicano Mario Moreno, más conocido como Cantinflas. Este actor incorporó al mundo cinematográfico su clásico humor verbal, lleno de peculiares giros, juegos de palabras, mezcla de equívocos, cinismo en medio de situaciones cómicas y personajes pintorescos y otras formas de comunicación que por antonomasia se convirtió en el lenguaje cantinflesco.Jorge Corozo, asambleísta por Chimborazo (AP) y presidente de la Comisión de Derechos Colectivos dio trámite al proyecto de reformas de la Ley Orgánica de Comunicación, reformas que, al momento, está en manos del Ejecutivo y fueron aprobadas por la Asamblea Nacional el pasado 8 de diciembre, debiéndole aprobar hasta el 20 de este mes. Lamentablemente, en el proyecto de ley reformatorio permanece intacto el artículo 5 que afirma que los medios de comunicación social “prestan un servicio público de comunicación masiva”.Jorge Corozo, en calidad de presidente de la Comisión de Derechos Colectivos, afirmó que en el informe correspondiente para el segundo debate se eliminó el artículo 5 y a la hora del té “a lo mejor se omitió”, pero que “de todas maneras el veto presidencial tiene que darse cuenta de ese detalle” “Ahí está el detalle…”, diría Cantinflas.Y nosotros decimos que no es un simple detalle un tema tan sustancial para la comunidad ecuatoriana, pues la comunicación es un derecho ciudadano, mas no un servicio público, tal como se pronunció, al respecto, la Corte Constitucional, en agosto del año pasado.La Asamblea y particularmente el asambleísta Corozo debieran explicar el porqué de ese destalle. Y no precisamente con “cantinfladas”, como diría el expresidente Correa, sino con la claridad, seriedad, precisión y responsabilidad social con que suelen hacerlo cotidianamente.

Habíamos calificado de vándalos a cierta gente salvaje y desalmada que, en las sombras de la noche como sus mentes, agredieron los bienes patrimoniales de Riobamba.

Este espíritu destructor, propio del vandalismo, al parecer se ha integrado a muchos sectores sociales. Para muestra bastan dos botones: los robos masivos en el malecón Simón Bolívar con ocasión de la fiestas octubrinas, donde un centenar da vándalos arremetió contra turistas y visitantes de este sector, uno de los más atractivos de la urbe huancavilca; y los disturbios en la Universidad de Guayaquil donde dos sectores se disputan el rectorado y donde la Policía tuvo que separar a los vándalos que, con ímpetu y furia se arremetieron a puñetazo limpio, piedras y palazos. ¿Quiénes eran los protagonistas de este vergonzoso acto de vandalismo al interior del recinto universitario? Nada más ni nada menos que docentes y estudiantes del alma máter porteña.

Que más de un centenar de personas operen coordinadamente en actos vandálicos para robar a la multitud que disfrutaba del feriado en el malecón, puede entenderse, aunque no aceptarse, porque al fin y al cabo, pertenecen al mundo del hampa. Pero es inadmisible que docentes y estudiantes universitarios, que deben dar ejemplo de un correcto proceder, sean protagonistas del vandalismo y la trifulca en espacios donde supuestamente se “educa en valores para tratar de recomponer el tejido social” descompuesto en la última década.

Que la controversia concluya en el marco del diálogo, del debate y de las leyes y reglamentos que rigen la institucionalidad académica y no por medio del vandalismo y la trifulca.

Porque la Universidad de Guayaquil, como todas las demás, saben de su responsabilidad y compromiso con la sociedad ecuatoriana y, más allá de los momentos de crisis, debe continuar siendo luz y guía, sugestión y ayuda a la comunidad nacional y regional, frente a su misión de construir, de impulsar la ciencia, la cultura, la investigación.

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