En una plaza históricamente incómoda, LDU comenzó la temporada con una victoria. El 2-1 sobre Orense Sporting Club en el Estadio 9 de Mayo fue el estreno planificado en la LigaPro. El fin de una racha adversa de casi seis años sin celebrar en Machala. Un triunfo que pesa en lo anímico, que ordena la tabla desde el arranque y que, sobre todo, instala un proyecto trabajado al mando de Tiago Nunes.

El equipo supo leer un partido incómodo. La cancha pesada, el clima húmedo y la presión natural del debut parecían una trampa lista para cualquier desconcentración. Sin embargo, la respuesta fue pragmática. Liga entendió que el campeonato no se gana en febrero, pero sí puede empezar a perderse si se subestiman escenarios como el de Machala. En un mercado de fichajes que suele alimentar expectativas más que realidades, dos incorporaciones mostraron que el estreno era el mejor momento para justificar su llegada.
Janner Corozo abrió el marcador con una definición de jerarquía, resolviendo con categoría una acción que pedía frialdad. Minutos después, la apuesta colectiva tuvo premio. Una secuencia de pases bien hilvanados terminó en los pies de Alejandro Tobar, quien selló el segundo tanto. Liga sacó ventaja en el primer tiempo, mostró oficio, manejó ritmos y explotó la fragilidad momentánea del rival.
No fue un dominio aplastante, pero sí inteligente. El “Rey de Copas” entendió que en este tipo de escenarios el golpe psicológico pesa. El descuento de Miguel Jaramillo sobre el cierre del primer tiempo alteró el guion. Orense, se aferró a la esperanza con más empuje que claridad. Ahí emergió la figura de Gonzalo Valle.
El arquero sostuvo la ventaja de 2-1 en los momentos de mayor presión, respondiendo con seguridad y reflejos cuando el partido parecía inclinarse hacia el empate. Lo positivo es que las incorporaciones respondieron en el momento indicado. Cuando los refuerzos marcan diferencias desde el primer partido, el mensaje se fortalece.










