“Las noches de correo”: Evocación y nostalgia de los riobambeños

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Edificio de Correos del Ecuador en Riobamba ubicado en las calles 10 de Agosto y Espejo.

HISTORIA

El Ferrocarril y el Correo son parte trascendental de la historia reciente de la Sultana de los Andes y durante muchos años existió una estrecha conexión entre estas dos empresas que forman parte del Patrimonio Histórico de la ciudad.

Edwin Chávez Medina, cronista e investigador riobambeño, señaló que el progreso de Riobamba llegó con el ferrocarril. Debido a su estratégica ubicación, la Sultana se convirtió rápidamente en el centro ferroviario del Ecuador. El comercio se intensificó y las relaciones con Guayaquil y Quito se estrecharon. Los trenes mixtos que venían principalmente del Puerto Principal llegaban cargados de mercancías, de novedades y de primicias. El arribo a la ciudad de las negras locomotoras era el acontecimiento del día y su llegada era esperada con expectativa ya que entre otras cosas también llegaba el correo: cartas y encomiendas de los familiares y amigos.

Esto motivó que allá por los años 60, la llegada de la correspondencia al antiguo y emblemático edificio del Correo, se convierta en un romántico y galante acontecimiento. Era la época en que escribir una carta era una pequeña obra de arte. La carta, la misiva, la epístola, era el principal medio de comunicación en aquellos tiempos y existían normas y preceptos para su correcta escritura. Quién no recuerda esas apasionadas cartas de amor escritas a mano, con tiernos dibujitos perfumados de jazmín y que primorosamente dobladas se guardaban como preciosa reliquia en el cofre de los recuerdos.

Lunes, miércoles y viernes eran las esperadas noches de correo; era un alegre acontecimiento en donde la algarabía de la juventud animaba la ciudad, los jóvenes riobambeños acudían en grupos de amigos al emblemático edificio de la 10 de Agosto y Espejo a retirar una supuesta correspondencia que había llegado ese día; las chicas igualmente acudían al viejo edificio en eterna espera de la carta que un apuesto e imaginario galán les remitía de lejanos y ficticios lugares.

Las noches de correo eran la oportunidad para el encuentro amistoso, para la tertulia amigable, para el afianzamiento social, para el grato encuentro con los viejos amigos en donde los jóvenes riobambeños de ambos sexos tenían la oportunidad de relacionarse, de interactuar, de hacer nuevas amistades; quién sabe, cuántos romances que se originaron esas noches culminaron en el altar de una Iglesia. (16)

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