En el corazón de la provincia de Chimborazo, se extienden las dunas de Palmira, cantón Guamote: un paisaje singular que combina la grandiosidad del desierto con matices ecológicos únicos. Este recurso natural, de una belleza poco común en nuestro país, posee un potencial turístico significativo que no solo podría dinamizar la economía local, sino también consolidar una oferta de turismo sostenible y de calidad en la región. Sin embargo, este potencial corre serio riesgo debido a la falta de mantenimiento adecuado y el expendio de alimentos en condiciones que ponen en entredicho la higiene y la seguridad de visitantes.
El valor de las dunas de Palmira va más allá de su estética visual. Su singularidad geográfica constituye un atractivo capaz de atraer tanto al turismo nacional como internacional, y actividades recreativas vinculadas a la naturaleza y la aventura. Su exploración, respetuosa con el entorno, puede generar empleo y fortalecer economías locales.
Lamentablemente, el desorden y la falta de gestión ambiental ponen en peligro este activo. La ausencia de infraestructura básica —como senderos señalizados, áreas de descanso adecuadas y puntos de control para la conservación del entorno— facilita el deterioro del paisaje y limita la experiencia positiva del visitante y generan un impacto negativo evidente.
De igual manera, el expendio de alimentos opera al margen de las normas básicas de higiene y sanidad, poniendo en riesgo la salud de quienes visitan el lugar. En un entorno donde la hospitalidad debería ser un valor agregado, resulta alarmante que se normalicen prácticas que vulneran la seguridad alimentaria.
La solución exige compromiso de todos los actores involucrados. Es imprescindible que las autoridades municipales y provinciales impulsen programas de mantenimiento regular y gestión sostenible del sitio. Esto incluye, entre otras cosas, implementación de infraestructura turística básica y señalizada, con rutas claras, puntos de control ambiental y vía bien mantenida; campañas de limpieza y manejo de residuos sólidos, involucrando a la comunidad y a los operadores turísticos; regulación y supervisión sanitaria del expendio de alimentos, garantizando la higiene, la calidad y el cumplimiento de normas que protejan la salud pública.
Las dunas de Palmira pueden convertirse en un emblema de turismo responsable y próspero dentro de Chimborazo y Ecuador. Preservar, ordenar y elevar la calidad de la experiencia turística no es un lujo; es una necesidad imperante para que el valor intrínseco de las dunas no se diluya entre polvo, desorden y riesgos invisibles. El reto está planteado. Es urgente actuar con decisión.










