La ‘Chatoleí’ exige transparencia y habla de un posible trasfondo en la postergación del duelo de la Fecha 1. La decisión de LigaPro abre un debate sobre seguridad, competencia y reglas poco claras en el fútbol ecuatoriano. El campeonato apenas iba a comenzar y ya el balón quedó en los escritorios.

El campeonato apenas iba a comenzar y ya el balón quedó en los escritorios. La reprogramación del partido entre Universidad Católica y Emelec, correspondiente a la primera fecha de la LigaPro, muestra una tormenta institucional que amenaza al arranque formal de la temporada.
El club capitalino emitió un comunicado público en el que expresó su inconformidad con la decisión de la Liga de reprogramar el encuentro, alegando “una causa de fuerza mayor relacionada con la seguridad”. Para la dirigencia ‘camarata’, sin embargo, la explicación no resulta suficiente y deja abierta la sospecha de que existen factores adicionales que no han sido transparentados.
De acuerdo con la versión oficial de la Liga, la decisión se fundamentó en informes emitidos por la Intendencia de Guayaquil y la Gobernación del Guayas, documentos que advertían sobre posibles afectaciones a la delegación de Emelec. No obstante, Universidad Católica puso el foco en un detalle que, a su juicio, resulta determinante, el partido debía disputarse en Quito, fuera de la jurisdicción de las autoridades que habrían emitido dichos informes.
En su comunicado, el club subrayó que tanto el Gobernador del Guayas como el Intendente de Guayaquil tienen competencia sobre eventos dentro de su provincia y cantón, pero no sobre espectáculos deportivos a celebrarse en otra ciudad. El conflicto se complejiza cuando Católica expone un antecedente que, en su interpretación, altera la narrativa oficial. Según el club quiteño, durante el feriado de Carnaval recibió solicitudes reiteradas por parte de Emelec para que fuese la propia Universidad Católica quien pidiera el diferimiento del partido.



