La libertad estética de los estudiantes

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La libertad estética de los estudiantes está garantiza en el  artículo 21 de la Constitución que reza: “Las personas tienen derecho a construir y mantener su propia identidad cultural, a decidir sobre su pertenencia a una o varias comunidades culturales, y a expresar dichas elecciones; a la libertad estética”.

Sin embargo, en los Códigos de Convivencia  de algunos planteles educativos constan ciertas restricciones relacionadas con la libertad estética, pese  a que el Ministerio del Ramo dispuso que las autoridades revisen dichos códigos a partir del reconocimiento de principios de convivencia  como la libertad personal, la democracia, el respeto a los derechos,  la eliminación de la discriminación, entre otros.

Todavía hay colegios en los que el inspector supervisa el ingreso de los alumnos: el uso de uniforme  obligatorio, el cabello corto, la ausencia de aretes y la obligación de la corbata en los varones, así como la prohibición de maquillaje en las mujeres y otras expresiones de los estudiantes como individuos. Su ejercicio de la libertad está precisamente en eso. “Si decido tatuarme o teñirme el cabello, la responsabilidad es con mi cuerpo, con nadie más”, dicen.

¿Puede considerarse abuso de poder, que socava las libertades individuales, si la máxima autoridad de un plantel educativo,  prohíbe que una  alumna  se tiña  el cabello con tonos llamativos, se maquille; que el estudiante llegue con el cabello largo, se realice perforaciones ((piercing)) ? ¿Estas y otras formas de mejorar la apariencia personal de manera creativa  tienen  una relación directa con la disciplina o el rendimiento escolar? ¿Actualmente, la juventud estudiosa puede considerar anacrónica esas prohibiciones respecto de la estética personal?  La sociedad aún no sea capaz de comprender las nuevas formas de ser joven?

Una relación armónica resultado de un diálogo saludable contribuiría a reafirmar el proceso educativo, a mantener una relación armónica y a evitar innecesarias confrontaciones. Cuando las reglas del juego son impuestas y tienen el carácter de obligatorias, los jóvenes, generalmente, protestan  contra la normatividad.

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