LA CORRUPCIÓN…UNA PANDEMIA DE SIGLOS

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SOÑAR NO CUESTA NADA…

III Parte

Desde la antigua Grecia, pasando por el renacimiento y la modernidad, el desvío de las formas de gobierno puras de su objetivo del bien común, era considerado como un claro indicio de corrupción. Ya en la modernidad, y con la distinción entre lo público y lo privado, el pensamiento político en torno a la corrupción se centró en aquellas acciones individuales que utilizaban en provecho propio los bienes públicos. Pero, así y todo, la reflexión política sobre la corrupción cubre un amplio espectro de temas que pueden ir desde los sistemas políticos y la estructura institucional, el poder, la centralización y la descentralización, la consolidación democrática, hasta el tamaño del Estado y la legitimidad de los gobiernos.

La corrupción va corroyendo poco a poco la capacidad del Estado de recaudar impuestos; de implementar políticas de desarrollo coherentes y racionales; de redistribuir los recursos entre los diferentes grupos y regiones; de transformar para bien la sociedad siguiendo prioridades sociales y políticas.

La aparición de la corrupción dispara una serie de procesos que de no enfrentarse a tiempo tienden a desarrollar círculos viciosos corruptos que se autoalimentan. Por ejemplo: las regulaciones burocráticas que están estructuradas en forma confusa permiten a los funcionarios recibir sobornos y obtener ventajas personales gracias a su labor de interpretar, detener o acelerar estos procesos, despreocupándose de la cuestión pública y de su verdadero trabajo. En estas condiciones, surge un enrarecido clima de inseguridad que va desgastando los lazos de confianza interpersonales y los existentes entre la ciudadanía y las instituciones y poderes del Estado. Estas condiciones socavan la legitimidad del gobierno de turno, a la par que desacreditan toda la cuestión política en sí. La corrupción es entonces percibida como una falta a la justicia social que amenaza, más allá de los distintos sistemas políticos y posibles estructuras de las instituciones, con capturar al Estado y reducirlo a un conjunto inorgánico de luchas de poder.

A modo de conclusión podríamos decir que la corrupción es un fiel reflejo de la pérdida de los valores éticos y morales. El hogar, cuna de las buenas o malas costumbres, se proyecta a través de la prole y consecuentemente su imagen se ve reflejada en la sociedad.

Como soñar no cuesta nada, es hora de reconstruir la moral y las buenas costumbres, enseñando a los hijos en la casa a ser honestos, verídicos y justos. En la escuela a que impere la verdad, la justicia, la razón y la buena conducta. No lograremos una sociedad honrada, si las lecciones que damos a nuestros niños y jóvenes, son de deshonestidad y trafasía.

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