Historia de la “LA VIENESA” ícono del emprendimiento riobambeño

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Vista panorámica de las instalaciones de la “Vienesa” ubicada en las calles Larrea entre 10 de Agosto y Guayaquil.

EMPRENDIMIENTO

Hasta la década de 1940 numerosas panaderías artesanales cubrían la demanda de pan en la ciudad de Riobamba. Incluso un sector de la ciudad que concentraba a numerosos hornos de leña se lo llamó como el barrio “La Panadería”.

Según Edwin Chávez Medina, cronista e historiador riobambeño, señaló que, en 1912, Luis Adriano Dillon, instala en Guayaquil una moderna panadería a la que llamó “La Vienesa”. El éxito del negocio llevó a su propietario a instalar, con el mismo nombre, dos sucursales, una en Quito en 1922 y otra en Riobamba en 1927. Fue ésta la primera cadena de panaderías en el país.

En 1930, el empresario riobambeño Gilberto Brito, compra las acciones de “La Vienesa” de Riobamba y mientras los locales de Quito y Guayaquil desaparecían, la de la nuestra ciudad se consolidaba y se convertía en una de las empresas industriales más emblemática y representativa de la Sultana de los Andes.

En “La Vienesa” de Riobamba, su propietario Gilberto Brito realizó una fuerte inversión para modernizar la maquinaria. La tecnología alemana instalada y la buena calidad de la materia prima utilizada, dieron como resultado un producto de alta calidad y bajo costo que, poco a poco fue desplazando a las pequeñas panaderías artesanales hasta hacerlas prácticamente desaparecer. Ya para la década de 1950 todas las tiendas de Riobamba eran otras tantos “depósitos de La Vienesa”, llegando la empresa a disponer más de 300 puntos de venta en la ciudad y pueblos aledaños.

“La Vienesa” ofrece algunas variedades de pan, sin embargo, el producto estrella es sin duda alguna la popular “palanqueta” de agua; esta delicia riobambeña se los consume fresca, y si está recién salida del horno, mejor; crujiente por fuera, blanca, suave y esponjosa por dentro, la palanqueta de La Vienesa es un componente insustituible en el desayuno de los hogares riobambeños. El “café de la tarde” acompañado con estas palanquetas (que conservan intacto su sabor desde hace 90 años), sigue siendo un ritual casi sagrado en los algunos hogares riobambeños. (16)

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