Hay que normalizar la depresión

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Por: Antonio Ricaurte

La depresión es una de las afecciones de salud mental más importantes y extendidas en el mundo actual.

1. La depresión es ese estado emocional que impide vivir plenamente. Es esa parálisis física y mental que hace que las personas no puedan levantarse de la cama, que no puedan caminar, que no quieran comer, que no quieran vivir y que sufran cada segundo de su existencia. Es normal que la química cerebral varíe de diversas formas. Las hormonas y neurotransmisores presentan altibajos constantes, así como déficits o exceso:

Serotonina: conocida como la hormona de la felicidad; promueve el bienestar, la calma, regula el sueño y el apetito. Dopamina: asociada al placer, la motivación, la recompensa y el estado de ánimo. Oxitocina: hormona del amor y de los vínculos sociales. Endorfinas: analgésicos naturales que generan euforia; se liberan principalmente con el ejercicio (sobre todo aeróbico). Cortisol: hormona del estrés. Se eleva con más fuerza por las mañanas. Esta hormona nos ayuda a levantarnos, pero si se mantiene elevada durante muchas horas, genera efectos negativos (como aumento de la insulina y daño celular, entre otros). Adrenalina: hormona de la respuesta de lucha o huida. Aumenta el ritmo cardíaco, la presión arterial y la energía. Melatonina: indica al cuerpo cuándo dormir.

2. Hay que normalizar la depresión. Normalizarla significa que las personas entiendan que es un padecimiento común y potencialmente catastrófico (si no se controla). Tan común que todos los seres humanos la padecemos en mayor o menor grado a lo largo de la vida. Por lo tanto, no se debe tener vergüenza de hablar de ella. Por el contrario, hay que hablar, entender y buscar la mejor forma de controlarla para poder vivir mejor.

3. Los seres humanos, a lo largo de la vida, buscan escapes permanentes para huir del sufrimiento, de los malos momentos, de los traumas, de los miedos, de la ansiedad y del pánico. En general, de la depresión. Esos escapes pueden ser nocivos o beneficiosos. Nocivos: drogas, alcohol, tabaco, comer compulsivamente, compras compulsivas, gastar compulsivamente, viajar compulsivamente, etc. Beneficiosos: deporte, estudio, trabajo, etc. Si analizamos nuestros actos, nos daremos cuenta de que siempre hacemos las cosas para escapar del sufrimiento o por miedo.

4. Es fundamental empezar a normalizar la depresión y entender a las personas cercanas que la padecen. No es fácil. Por lo general, las personas toman a la ligera este padecimiento. Es común que padres, amigos o parejas digan: “Eres débil”, “Levántate”, “Pon de tu parte”, “Te haces la víctima”, “Solo quieres llamar la atención”, “Ocupa tu tiempo en algo”, “Tienes todo y sufres”, o crean que conversando, acompañando y dándole una palmadita en la espalda va a mejorar. Esa ignorancia sobre la depresión termina, por lo general, agravando el problema y puede llevar al suicidio.

5. No es fácil vivir con alguien cercano que tiene depresión. Las personas cercanas terminan abandonándolos. En un matrimonio o en una relación sentimental, si la pareja es depresiva, se convierte en una carga y terminan dejándola. Lo mismo ocurre con amigos, hijos y familiares.

6. A lo largo de la vida, los seres humanos necesitamos tratamientos psicológicos, psiquiátricos y otras alternativas terapéuticas.

7. Para vivir mejor y sobrellevar la depresión, es muy importante lo siguiente: Hacer ejercicio aeróbico (correr, bicicleta) y anaeróbico (pesas). Comer sano. El intestino produce alrededor del 90-95 % de la serotonina del cuerpo. Mantener una microbiota intestinal saludable contribuye al bienestar físico y mental. Contacto con la naturaleza. Buenas relaciones sociales. Dormir bien. Recibir sol. Produce vitamina D, actúa como antioxidante y tiene efectos antidepresivos.

8. En los últimos años, se ha demostrado que la medicina ancestral (ayahuasca/DMT, psilocibina) ha dado resultados prometedores en el control de la depresión resistente al tratamiento. Esta medicina alternativa debe consumirse con mucho control y cuidado, preferiblemente en entornos supervisados. En los próximos años, se espera que su uso sea más científico y regulado.

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