Hacia una nueva escuela

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El Ministerio de Educación mediante el diálogo como herramienta democrática de trabajo con todos los sectores articulados a la Educación y de la sociedad civil  va  generando compromisos para iniciar el gran Acuerdo Nacional por la Educación que girará en torno a la implementación de un nuevo modelo de escuela que iniciará desde las zonas rurales del país, la construcción de un nuevo sistema nacional de evaluación integral, la reapertura de escuelas comunitarias, el fortalecimiento de la educación técnica y su relación con la educación superior y la revalorización de los docentes.

El concepto de “Nueva Escuela” dice el ministro Milton Luna, duro crítico de las políticas educativas del  régimen de Correa está enfocado, entre otros puntos centrales, a tener maestros bien pagados, bien capacitados y bien evaluados así como estudiantes solidarios, no violentos, emprendedores y seguros de sí mismos. En definitiva formar seres humanos integrales.

Aparte de lo señalado por el Ministerio, la verdadera “nueva escuela” solo será posible si  se cuenta con verdaderos docentes debidamente preparados, formados  desde su juventud  en los inolvidables normales o institutos pedagógicos y en las facultades de Filosofía y Ciencias de la Educación de las universidades, de donde salían “armados” de ideales, herramientas, técnicas y estrategias para la formación y  desarrollo de lo más preciado de la patria: la niñez y adolescencia, para forjar, modelar al ser humano. Esa generación de docentes,  junto a su formación académica y profesional, tenía una alta auoestima porque  entendía que su misión  estaba más allá de un simple servidor público como se lo ubica actualmente. Y con esa convicción y vocación cuidaba de su forma de comunicar, de su léxico y hasta de aspectos formales en su presentación y actitudes. Sentía ser un líder social, sobre todo en las comunidades rurales. Ahora,  dedicado  más  a cumplir exigencias burocráticas en perjuicio de un precioso tiempo que se lo debería emplear en tareas estrictamente académicas, su figura quedó empobrecida, minimizada, vilipendiada.  Más, si por sus legítimas convicciones ideológico- políticas fue calificado desde el poder de “tirapiedras”, “desadaptados”.

Pero además la nueva escuela debe regresar al campo con la reapertura de las escuelas comunitarias conforme se ha anunciado, pues el correato desarraigó al niño de su comunidad, lo condenó a largas caminatas hacia las escuelas del milenio, verdaderos elefantes  como los calificó el presidente Moreno.

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