Free Assange

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El 11 de abril de 2019 el presidente Lenín Moreno anunció al mundo la “decisión soberana” de poner fin al asilo diplomático que el Estado ecuatoriano había otorgado a Julian Assange en 2012. El Canciller José Valencia en julio de 2019 negó que la decisión del gobierno haya sido parte de la agenda concertada un año antes durante la visita del vicepresidente Mike Pence a Quito. El presidente Moreno dijo en su anuncio que solicitó a Gran Bretaña “la garantía de que el señor Assange no sería entregado en extradición a un país en el que pueda sufrir torturas o pena de muerte.” Añadió que “el gobierno británico lo ha confirmado por escrito en cumplimiento de sus propias normas.”

En realidad, la decisión del gobierno ecuatoriano no sorprendió a la prensa internacional, primero por su acercamiento con la administración Trump y segundo porque ya se había corrido el rumor sobre las intenciones de Moreno luego de que Wikileaks había filtrado fotos, videos y conversaciones privadas. La información filtrada, conocida como los INA Papers, involucraría al presidente Moreno y a su familia en un caso de corrupción y de enriquecimiento a través de compañías ficticias en Panamá. Actualmente el caso sigue pacientemente el trámite en la Fiscalía.

Traigo a la memoria estos antecedentes porque el pasado lunes dio inicio la primera audiencia del juicio de extradición de Julian Assange a los Estados Unidos, imagino la sorpresa que se habrá llevado el señor presidente al enterarse de esta malhadada noticia. Los abogados de Assange consideran que de darse la extradición, su cliente estaría expuesto a tratos inhumanos y degradantes en las prisiones norteamericanas. Adicionalmente, según reseñó el diario Le Monde de Francia, el abogado de Assange habría mencionado el tema de la “vigilancia” a la que Assange estuvo sometido en la embajada ecuatoriana en Londres y que dicha información habría sido recogida por los servicios de inteligencia norteamericana.

La amenaza que se cierne sobre Assange no sólo tiene que ver con su vida o su libertad, sino que al destino de Julian Assange está atado el destino de derechos fundamentales de la democracia como la libertad de expresión. La prensa mundial tiene puestos los ojos en la justicia británica. Organizaciones y activistas de los derechos humanos miran de cerca el desenvolvimiento del juicio. Los movimientos sociales protestan en las calles como muestra de su solidaridad. Está por demás decir que la imagen internacional del Ecuador esta deteriorada luego del canallesco acto perpetrado por el gobierno de Moreno, aunque esto le haya valido un apretón de manos del presidente Trump en la Casa Blanca. En fin, se siente una atmosfera de inquietud, incluso en aquellos medios refractarios a la causa de Assange, como si algo en el mundo civilizado estuviera basculando hacia algo desconocido. Pero, prevenido y astuto como es nuestro presidente, tiene en sus manos la garantía por escrito del gobierno británico de manera que toda preocupación en torno a la posible extradición de Julian Assange es vana.  ¿Sí o no, señor presidente?

Carlos Guevara Ruiz

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