La Iglesia Católica en el Ecuador está de luto tras el fallecimiento de monseñor Antonio Arregui Yarza, arzobispo emérito de Guayaquil, quien murió este miércoles 5 de febrero de 2026 a los 86 años de edad, según confirmó oficialmente la Arquidiócesis de Guayaquil. El prelado permanecía hospitalizado por un cuadro de neumonía y su deceso se produjo a causa de un fallo cardíaco.

Monseñor Arregui lideró la Arquidiócesis de Guayaquil hasta el año 2015, cuando fue sucedido por el actual cardenal Luis Cabrera, OFM. Su partida ha generado múltiples expresiones de pesar por parte de instituciones eclesiásticas y fieles a nivel nacional. La Arquidiócesis de Quito manifestó su solidaridad a través de un comunicado en el que expresó: “Nos unimos al dolor de sus familiares y amigos, y de manera muy especial con el cardenal Luis Cabrera, sus obispos auxiliares, el clero y toda la Arquidiócesis de Guayaquil”.
De acuerdo con la información oficial, los restos mortales del arzobispo emérito serán trasladados la tarde de este jueves 6 de febrero a la Catedral Metropolitana de Guayaquil, donde se realizará la velación. Tras su llegada, se celebrarán misas de manera continua cada hora. El templo permanecerá abierto al público hasta las 21H00 de este jueves; el viernes atenderá desde las 07H00 hasta las 21:00, mientras que el sábado abrirá de 07H00 a 12:00. Las exequias solemnes están previstas para este sábado 7 de febrero de 2026, a las 12H00.
Nacido en el País Vasco, España, monseñor Antonio Arregui llegó al Ecuador para desarrollar su misión pastoral, convirtiéndose con el paso de los años en una de las figuras más influyentes de la Iglesia Católica en el país. A lo largo de su trayectoria eclesiástica fue obispo de Ibarra y de Quito, hasta que el 7 de mayo de 2003 fue designado arzobispo de Guayaquil.
En reconocimiento a su liderazgo y servicio, en 2012 fue elegido presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, cargo desde el cual tuvo una destacada participación en los principales debates pastorales y sociales del país. Además, formó parte de la Prelatura Personal del Opus Dei desde el año 1957, vínculo que marcó profundamente su vida sacerdotal.










