Los niños con discapacidad que viven en la Casa de la Caridad, fueron abandonados por sus padres en las puertas de las iglesias y hospitales.

Son afortunadas las niñas y los niños que viven en la Casa de la Caridad en el cantón Penipe, por el entusiasmo, el amor y cariño de forma permanente que se les brinda por parte de las religiosas.

Son niños con discapacidad grave, “todas las religiosas estamos pendientes de los menores, cada uno tiene una historia, en muchos de los casos tristes, porque fueron abandonados en diferentes ciudades del país”, explicó María López, directora de la institución. Manifiesta que se levantan a las 5 y media de la mañana, luego de cumplir sus actividades de la comunidad religiosa, pues forman parte de las Hermanas Franciscanas de la Caridad, comunidad a la que pertenecen.

A las 7 de la mañana acuden al desayuno y luego a desarrollar las actividades diarias. Por lo regular la atención a los niños es personalizada por su discapacidad. Es necesario brindarles momentos de entretenimiento, terapia, educación y atención en su salud.

Son 7 pequeños niños, los demás son adolescentes y jóvenes, todos necesitan atención las 24 horas. Los más pequeños son los más vulnerables, pues no hablan, y solamente se comunican con el llanto o una sonrisa.

Cuando están enfermos, hay que adivinarlos cuál es el motivo y qué medicina se les debe administrar, mientras se les pueda hacer atender con un profesional. Dios nos dio el don de la intuición y eso aplicamos todos los días, por ejemplo, se les administra agüitas de plantas medicinales o algún medicamento que el médico nos recomienda.

Dios da a las madres hijos especiales y los hijos madres especiales, manifestó la religiosa. En este caso, hay que tomar en cuenta pues necesitan más y mejor atención, requieren por ejemplo pañales, medicina, ropita cómoda; añade que pese a sus dificultades de movilización los niños acuden a las actividades religiosas.

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