El mediocre del ático

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Adrián Santiago Pérez Salazar

(El Universo)

Sigmund Freud, uno de los padres del psicoanálisis, indicó que uno de los mecanismos por los cuales la mente humana lidia con pensamientos o emociones negativas es proyectándolas en otras personas…Es por lo tanto revelador que el insulto preferido de Rafael Correa sea el de acusar a sus detractores de ser “mediocres”. Es difícil encontrar un solo comentario suyo por redes sociales o una sola sabatina donde no haya usado ese epíteto. ¿Será esto síntoma de que en el fondo de su alma el exmandatario se cree mediocre? Si esto es el caso, no le faltan motivos. Cada día que pasa nos estamos volviendo más conscientes de lo catastrófica que ha sido la gestión de la última década…No hay forma de que Rafael Correa no esté consciente del daño que le ha causado a nuestra sociedad, pero tal parece que la magnitud de su ego lo hace patológicamente incapaz de aceptar la responsabilidad de sus actos.

La fragilidad del ego del exmandatario no solo se manifiesta a través de estas proyecciones. En efecto, la persecución incluso penal de todos los que osaron criticarlo durante su mandato y su obsesión con los títulos honoris causa refuerzan la intuición de que Correa sufre de una terrible inseguridad psicológica. Es por esto que el expresidente busca de forma compulsiva rodearse de personas que le expresen devoción: su autoestima requiere constantemente de validación externa.

Solo podemos imaginarnos el golpe que debió haber sufrido cuando su propio partido le dio la espalda. Si no fuese por diez años de persecución, intimidación y despilfarro, las proyecciones psicológicas del mediocre del ático deberían despertar en nosotros una compasión que no merece.

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