Por: Wellington Toapanta
El lunes 5 de enero Ecuador celebra el Día del Periodista, instituido el 23 de diciembre de 1937, por el dictador general Alberto Enríquez Gallo, por efecto del objetivo estatutario del Círculo de la Prensa de Quito y de su eximio socio José de la Cuadra, entonces ministro de Gobierno, encargado.
Entonces, sorprendió Enríquez Gallo porque, meses antes, como ministro de Defensa clausuró los diarios El Universo de Guayaquil y El Día de Quito y persiguió periodistas divergentes con el orden del dictador civil Federico Páez, pero tras sustituir a este aprobó el Estatuto del Círculo y miró de otra forma al país.
Los influjos del Círculo y De la Cuadra se iluminaron en el decreto que, consideró que el 5 de enero de 1792 es “una de las fechas clásicas de mayor recordación en los Anales de la República Ecuatoriana, conmemorativa de la aparición del primer periódico Primicias de la Cultura de Quito, fundado por el Precursor de nuestra independencia, Dr. Francisco Eugenio de Santa Cruz y Espejo (…), acontecimiento que constituye un orgullo para la República del Ecuador” y determinó que el cinco de enero, de cada año, se celebre el “Día del Periodista en todo el territorio de la República”.
La fecha se instituyó 135 años después de la primera edición de Primicias, en donde Espejo se propuso “escribir siempre cosas útiles, que conduzcan, inevitablemente, a la educación de Quito (Ecuador)”, y cuando nieguen u oculten informaciones procede investigar “con ingenio, sagacidad, talentos”, investigación que “debe atenerse rigurosamente a las fuentes y datos consultados, evitando sesgos individuales o de partido y rechazando conclusiones preconcebidas”, instruye el Consejo de Ética de los Medios de Comunicación de Chile.
Los insignes referentes Espejo y Juan Montalvo desdeñaron el periodismo panfletario, insidioso, maquinador de la verdad, que se indicia en el país pretendiendo manipular el principio ético americano de que “la credibilidad de la prensa está ligada al compromiso con la verdad, a la búsqueda de precisión, imparcialidad, equidad y a la clara diferenciación entre los mensajes periodísticos y los comerciales”.
Si Espejo sintetizó que “la prensa es depósito del tesoro intelectual”, 74 años después Montalvo destacó que “entre las invenciones de los tiempos modernos el periodismo es una de las que más ha contribuido para la civilización y el adelanto del género humano”. Larga vida al periodismo profesional ecuatoriano.










