EDITORIAL
¿Deben los exgobernantes nacionales o locales reunirse con el que está en el poder nacional o local para compartir experiencias y conocimientos como un apoyo para una mejor administración, para abordar temas importantes del desarrollo, progreso, así como de los problemas de su jurisdicción? Sería positivo y un gesto de noblezas reconocer la experiencia y trabajar en equipo, como una muy buena política y actitud democrática de líderes que anhelan sacar adelante a su pueblo.
En este contexto, merece destacarse los convenios interinstitucionales de servicios sociales para el 2026 por 5 millones de dólares para programas de desarrollo infantil, atención a personas con discapacidad, cuidado de adultos y otras acciones, firmado en Riobamba entre el Ministerio de Desarrollo Humano, la Prefectura y la alcaldía de Penipe.
La práctica de que exgobernantes nacionales o locales se reúnan con los líderes actuales del gobierno para compartir experiencias y conocimientos puede ser beneficiosa para la transferencia de conocimientos, pues, los exgobernantes pueden tener perspectivas y experiencias únicas que pueden ser útiles, valiosas para los administradores actuales. Compartir estas experiencias puede ayudar a evitar errores pasados y mejorar la toma de decisiones. Pero, además, los ex pueden ofrecer consejos y orientación basados en su experiencia en el cargo. Esto puede ser especialmente útil para los nuevos líderes que enfrentan nuevos desafíos.
El apoyo de exalcaldes puede brindar legitimidad y respaldo a la administración actual, especialmente en momentos de crisis o controversia. Pero también estas reuniones podrían fomentar la colaboración entre diferentes administraciones y promover un sentido de continuidad en la gobernanza.
En resumen, si se maneja correctamente, la práctica de que exgobernantes se reúnan con líderes actuales de las jurisdicciones provinciales y cantonales, puede ser beneficiosa para mejorar la administración y la toma de decisiones, pero debe realizarse con sensibilidad hacia las consideraciones políticas y la gestión adecuada de la información compartida.
Es impensable que reuniones de esta naturaleza se den en el país, porque a causa del ego y celo político de gobernantes nacionales y seccionales, no hay espacio para diálogos y consensos constructivos, para compartir experiencias y conocimientos en procura de una administración más eficiente y eficaz en función de la ciudadanía, de su bienestar y seguridad. Más pesan intereses y prejuicios personales y políticos, egos inflados, visiones provincianas que impiden esas actitudes democráticas de madurez política, más allá de las mezquindades coyunturales.










