Contraste en dos territorios

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Editorial

Un grupo de 500 voluntarios entre jubilados extranjeros y cuencanos, desde hace unos meses atrás, vienen realizando una labor de alto sentido social. Organizados en mingas pintan las paredes del centro de la urbe cuencana, llenas de grafitis, sin ningún otro interés que “mostrar la belleza de Cuenca en todo su esplendor”. Simplemente se sienten “orgullosos de vivir en esta ciudad y queremos que luzca bonita” Lo hacen espontáneamente, porque apuestan por la limpieza, porque les duele la agresión al entorno donde viven. Es cuestión de cultura, de civismo, de buenas costumbres, buenos hábitos que, sin duda alguna, les llegaron desde la educación. La Atenas del Ecuador se merece estas actitudes comunitarias altamente positivas y ejemplarizadoras.

Mientras en el territorio de la urbe cuencana se vivían escenas de cultura y patriotismo, de involucramiento en el bienestar comunitario, en las playas ecuatorianas, particularmente del balneario de Salinas se desataba la juerga, la jarana, la parranda, el jolgorio, la fanfarria y otros hechos desagradables e ingratos como resultado de la  diversión bulliciosa y alborotada de fin de año de ciertos turistas que provocaron escándalos, peleas y disturbios, incluidos botellazos  a las autoridades de control y dejaron en la playa gran acumulación de basura, recipientes de cervezas y gaseosas y todo tipo de desechos, amén de que, según testimonio del Jefe policial del territorio, convirtieron el sector en una “cantina”.

Es tema de anticultura de miles de turistas que llegan a contaminar las playas con toneladas de basura en los largos feriados, mientras las autoridades correspondientes desvían sus miradas complacientes, porque al fin y al cabo, los incivilizados “turistas” depositan miles de dólares en las alcancías hoteleras y en las arcas municipales. Las agresiones y las infracciones o delitos ambientales pueden pasar a segundo plano, porque en estas temporadas, algunos de nuestros balnearios pueden convertirse en tierra de nadie.

Dos eventos que contrastan en nuestro territorio. El uno de sano y ejemplarizador sentimiento y conducta propios del patriota; el otro, una señal, indicio, demostración o prueba de un deprimente subdesarrollo, de la insensibilidad de autoridades y la apatía e indolencia del vecindario.

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