Comerciantes de Chunchi detienen a presunto ladrón en el mercado

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La mañana del 29 de noviembre, el Mercado La Dolorosa, en el cantón Chunchi, fue escenario de una captura de un presunto delincuente que habría robado dinero y un teléfono celular a una comerciante y a su hijo. La acción inmediata de los trabajadores impidió que el sospechoso escapara, en medio de una creciente indignación ciudadana por los reiterados robos en la zona.

Trabajadores del Mercado La Dolorosa retuvieron al sospechoso hasta la llegada de las autoridades.

El hecho ocurrió cuando la víctima alertó a los comerciantes del mercado que acababa de ser asaltada. De inmediato, varios trabajadores persiguieron al sospechoso, lo redujeron y lo amarraron para evitar su fuga. La escena, registrada por testigos, reflejó el cansancio acumulado de una comunidad que asegura enfrentar robos constantes en sus espacios de trabajo.

“Este hombre ya ha sido detenido antes. Lo entregan y al poco tiempo vuelve aquí mismo”, reclamó uno de los comerciantes, mientras otros asistentes coincidieron en que la situación se ha vuelto insostenible. La molestia generalizada se centró en la aparente facilidad con la que los sospechosos recuperan la libertad pese a las denuncias.

Según los comerciantes, el sospechoso formaría parte de un grupo integrado por dos adultos y un niño, quienes se movilizan por distintos sectores del cantón cometiendo robos. Lo más preocupante, señalan, es que en algunos casos actúan portando armas blancas para intimidar a sus víctimas.

Tras la retención, los trabajadores llamaron a la Policía Nacional, que trasladó al sospechoso para que sea puesto a órdenes de las autoridades. Sin embargo, los reclamos no se hicieron esperar. Los ciudadanos exigen que esta vez el proceso avance y que el detenido no regrese rápidamente a las calles, como ha sucedido en ocasiones anteriores.

Los comerciantes aseguran que la inseguridad ha cambiado su manera de trabajar: ahora están más alerta, se organizan entre ellos y evitan dejar solos sus puestos. Para los habitantes, la seguridad ya no es solo una petición, sino una necesidad básica que afecta directamente la economía familiar y la convivencia diaria. El miedo a ser víctimas de un asalto comienza a formar parte de la rutina, y para muchos esto no puede normalizarse.

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