La intervención de una quebrada natural en el barrio Vida Nueva, parroquia Licán, ha encendido la preocupación de sus habitantes, quienes alertan sobre el relleno del cauce con piedras y escombros sin que, según afirman, existan estudios técnicos visibles ni información oficial sobre permisos ambientales o medidas de mitigación.

De acuerdo con testimonios de moradores, los trabajos comenzaron el viernes 27 de febrero y se han mantenido de forma continua durante el fin de semana y los primeros días del mes de marzo. Volquetas habrían ingresado de manera constante a un predio privado de aproximadamente una hectárea, donde se depositó material pétreo a lo largo de cerca de 500 metros del cauce, provocando según denuncian la obstrucción total del paso natural del agua. La inquietud crece ante la cercanía de la temporada lluviosa.
Los vecinos recuerdan que en años anteriores las precipitaciones intensas ocasionaron el desbordamiento de la quebrada, con el consecuente arrastre de sedimentos hacia zonas más bajas, afectando al barrio 24 de mayo y la avenida Canónigo Ramos.
Con el cauce cubierto, advierten, el agua podría acumularse y buscar nuevas salidas, incrementando el riesgo de inundaciones, erosión del suelo y posibles deslizamientos. “Cuando llueve fuerte, el agua baja con fuerza desde la parte alta. Si no tiene desfogue, se va a desbordar”, señaló un habitante del sector, quien expresó su temor de que el material acumulado colapse y descienda sin control, impactando viviendas y vías de acceso.
El posible impacto no solo preocupa a las familias que habitan en las inmediaciones de la quebrada, sino también por la presencia de infraestructura pública en el área. En el sector se encuentra el Subcentro Lizarzaburu, establecimiento de atención primaria que podría verse afectado si se registra una emergencia derivada de las lluvias. Asimismo, la avenida Canónigo Ramos considerada una vía importante de conexión podría enfrentar nuevamente problemas de acumulación de agua y lodo, como ha ocurrido en temporadas anteriores.
Los denunciantes sostienen que hasta el momento no se han exhibido permisos ambientales ni estudios hidrológicos que respalden la intervención. Aunque el GAD Parroquial de Licán tendría conocimiento de lo ocurrido, según los vecinos no se han adoptado acciones visibles para suspender los trabajos o verificar su legalidad, situación que ha incrementado la incertidumbre y el malestar comunitario.
Frente a este panorama, los moradores solicitan la intervención urgente del Municipio de Riobamba y de las entidades competentes en gestión ambiental y de riesgos, a fin de que se realice una inspección técnica en el sitio. Piden que se determine si la obra cumple con la normativa vigente y, de ser necesario, se dispongan medidas preventivas para evitar posibles afectaciones a la población.
La comunidad recalca que no se opone al desarrollo ni al uso de predios privados, pero insiste en que cualquier intervención debe ejecutarse con planificación, sustento técnico y control institucional. “Queremos que se hagan las cosas bien, con responsabilidad, para no lamentar después una tragedia”, manifestó otro vecino.
Mientras tanto, el movimiento de material continúa y el temor a que las lluvias intensifiquen el problema mantiene en alerta a las familias de Vida Nueva, que esperan una respuesta oportuna de las autoridades antes de que la situación se convierta en una emergencia.










