La Selección de Ecuador atraviesa un momento de definiciones endebles. No hay crisis declarada, pero sí, falta de gol y ante eso la falta de opciones en las convocatorias de Beccacece. Jordy Caicedo, transitaba un presente discreto en el ascenso español, hoy vive una transformación goleadora en el Club Atlético Huracán que lo catapultó nuevamente a la órbita de la Tricolor.

Beccacece no lo ha dicho, pero los números exigen. Ecuador genera, compite, presiona y sostiene intensidad.
Sin embargo, la contundencia no ha sido proporcional al volumen de juego. Caicedo aparece como una solución posible.
No por romanticismo ni por presión mediática, sino por rendimiento. Cuatro goles en cinco partidos con Huracán no son una casualidad estadística; es la realidad de un delantero que ha encontrado ritmo, confianza y continuidad.
Elementos que, paradójicamente, hoy escasean en otras opciones ofensivas de la selección. El capitán histórico, Enner Valencia, todavía no ha sumado minutos oficiales en el año con Pachuca. La inactividad pesa. Por su parte, Jeremy Sarmiento, alternativa ofensiva por bandas, ha tenido escasa participación desde su llegada a Inglaterra.
Leonardo Campana aún no inicia temporada y Kevin Rodríguez retorna progresivamente tras una lesión. Caicedo pasó de la incertidumbre a convertirse en un delantero fundamental en Huracán que lidera el arquero ecuatoriano Hernán Galíndez.
Beccacece exige movilidad, presión coordinada, lectura táctica y adaptación a un sistema dinámico. Caicedo aún no ha disputado minutos oficiales bajo la dirección del entrenador argentino, pero está en plena madurez competitiva.
Los amistosos ante Marruecos y Países Bajos no serán ensayos; serán laboratorios donde Beccacece evaluará respuestas bajo presión internacional.










