Adulto mayor ambateño se gradúa como abanderado

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A sus 70 años, Juan José Pinda se ha convertido en ejemplo de perseverancia y superación personal al alcanzar el reconocimiento de Abanderado del Pabellón Nacional en su institución educativa nocturna, luego de retomar sus estudios pese a las dificultades económicas y personales que marcaron su infancia.

Juan José Pinda atiende su puesto de granizados durante el día y por las noches asiste a clases, se convirtió en abanderado escolar.

Cada mañana, en las calles de Ambato, instala su pequeño puesto de granizados y atiende con cordialidad a estudiantes y transeúntes. Sin embargo, al caer la noche, cambia el delantal por cuadernos y asiste a clases en la Unidad Educativa Teresa Flor, donde cursa el tercer año de Bachillerato dentro del programa de Educación Básica para Jóvenes y Adultos impulsado por el Ministerio de Educación, Deporte y Cultura.

Su esfuerzo rindió frutos en el ciclo académico septiembre 2025 – febrero 2026, periodo en el que obtuvo el honor de portar el símbolo patrio gracias a su rendimiento, disciplina y compromiso. Nacido en Riobamba, su niñez estuvo marcada por limitaciones económicas que lo obligaron a abandonar la escuela. Aun así, recuerda las palabras de su padre, quien le insistía en aprender a leer, escribir y sumar como herramientas esenciales para la vida.

Uno de los momentos más difíciles llegó cuando intentó tramitar su licencia de conducir. En varias entidades le negaron la oportunidad debido a su edad y discapacidad auditiva. Lejos de rendirse, ese obstáculo se convirtió en el impulso que lo llevó a regresar a las aulas.

Además de comerciante, ha trabajado como panadero y albañil. Hoy combina su emprendimiento de bebidas frías —y los fines de semana la venta de colada morada— con sus estudios, manteniendo un ritmo que inspira a sus compañeros, quienes lo consideran un referente de constancia. Su docente, Andrés Escobar Castro, destacó su actitud participativa y respeto, señalando que desde el inicio evidenció un fuerte deseo de aprender y convertir cada clase en un intercambio enriquecedor.

El caso de Pinda refleja el alcance del programa educativo para jóvenes, adultos y adultos mayores, que durante el año lectivo 2025-2026 ha beneficiado a 129.091 estudiantes en todo el país; más de 17.000 pertenecen a la Zona 3 y 6.068 a la provincia de Tungurahua. Entre jornadas laborales, tareas escolares y metas renovadas, Juan José demuestra que la educación no tiene edad límite. Su historia evidencia cómo los programas inclusivos pueden transformar vidas, abrir oportunidades y devolver la esperanza a quienes alguna vez creyeron que estudiar ya no era posible.

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