Moisés Caicedo fue reconocido en la Asamblea Nacional

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El jugador del Chelsea fue condecorado en el pleno de la Asamblea Nacional, un homenaje que excede lo protocolario y reconoce el impacto social, deportivo y humano de un joven que sigue creciendo, sin perder el rumbo ni la humildad. Acompañado por su esposa y familiares, Caicedo llegó al pleno del Parlamento, donde fue recibido con honores.

La Asamblea Nacional le entregó la condecoración Vicente Rocafuerte al mérito deportivo a “Niño Moi”.

El salón se llenó de aplausos, para la historia de un muchacho nacido en el seno de una familia trabajadora en Santo Domingo, que escaló con esfuerzo, talento y disciplina hasta las ligas más prestigiosas del planeta. La Asamblea Nacional le entregó la condecoración Vicente Rocafuerte al mérito deportivo, una de las distinciones más importantes del país.

La ceremonia fue encabezada por el presidente del Legislativo, Niels Olsen, “Es un honor celebrarte, hoy el país entero te aplaude de pie”. Palabras que no suenan a cliché cuando se dirigen a alguien como Moisés, que durante su corta pero intensa carrera ha mantenido un perfil bajo en lo personal y alto en lo deportivo, respondió con la serenidad que lo caracteriza: “Estoy muy agradecido por el recibimiento y el cariño. Me esfuerzo cada día por dejar a mi país en lo más alto. Gracias a Dios y a mis padres, estoy haciendo que ellos estén muy orgullosos de mí”.

Este es un mensaje a la juventud ecuatoriana de que sí es posible llegar lejos desde el esfuerzo y el talento. De que se puede soñar sin importar de dónde se venga. Pero también es un recordatorio para el Estado de que el deporte puede ser más que un espectáculo: puede ser política pública, herramienta de inclusión y movilidad social.

Caicedo también ha aprovechado sus vacaciones en Ecuador para lanzar oficialmente su academia de formación futbolística, llamada Niño Moi, en alianza con el Instituto Superior Tecnológico de Fútbol Quito (ISTFQ).

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Flamengo con pulsaciones aceleradas antes de la final de la Copa Libertadores frente a Palmeiras y con una previa con un espectáculo paralelo, un retrato fiel de una hinchada que no conoce límites para hacerse sentir. Las calles cariocas se tiñeron de rojo y negro. Bombos, bengalas, cánticos que retumbaban entre los edificios y un clima de fervor que anunciaba que no sería un día cualquiera.

Una marea roja previa a la final

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