A pocos días de disputarse la octava jornada del torneo nacional, el ente rector del campeonato ecuatoriano anunció modificaciones en la programación, mostrando nuevamente la falta de previsión en un calendario que, año tras año, termina ajustándose sobre la marcha. En esta ocasión, dos partidos fueron reprogramados pese a que la planificación inicial ya había sido publicada, incluso considerando el contexto internacional de varios clubes.

El argumento oficial apunta a la necesidad de equilibrar cargas y garantizar condiciones similares para los equipos que compiten en torneos continentales, el duelo entre Delfín y Liga de Quito fue trasladado a horario nocturno, coincidiendo ahora con otro encuentro de la jornada, la modificación impacta en la logística de los clubes, la planificación de los cuerpos técnicos y en la experiencia del hincha, que nuevamente debe adaptarse a decisiones de última hora.
El segundo ajuste también altera la distribución del fin de semana. El partido entre Técnico Universitario y Universidad Católica dejó su espacio en la jornada sabatina para pasar al domingo, lo que derivó en una concentración mayor de encuentros en ese día.
Desde la LigaPro se ha insistido en que estas decisiones responden a un criterio de equidad, para evitar ventajas o desventajas entre clubes como Liga y Barcelona, comprometidos en la Copa Libertadores.
No obstante, el trasfondo expone la dificultad de sostener un calendario en un torneo que convive constantemente con ajustes, presiones externas y una planificación que no termina de consolidarse. Cada modificación, por justificada que parezca, refuerza la percepción de desorden y afecta la confianza de los clubes, jugadores, cuerpos técnicos y aficionados.










