La salida del futbolista ecuatoriano al fútbol internacional, es ahora una nueva trama de incertidumbre. Pazmiño, arribó al fútbol iraquí a mediados de 2025, hoy se ve en una disputa en instancias legales, cuatro meses de salarios impagos y la retención de su pasaporte por parte del club, una visible vulneración de sus derechos.

La denuncia de Darío Pazmiño contra el Al Talaba Sports Club expone la precariedad contractual, la desprotección institucional. Su retención, bajo cualquier argumento administrativo o deportivo, coloca el conflicto en una dimensión delicada.
No todos los destinos ofrecen garantías, ni todos los contratos están respaldados de manera legítima. En ligas con menor supervisión o regulación, el margen para abusos se amplía. Pazmiño enfrenta un conflicto económico y deportivo.
Su participación en el equipo ha sido prácticamente inexistente, 15 minutos en los últimos seis meses. Sin continuidad, sin pagos y, ahora, sin libertad de acción, su representante legal, Christian Morales, ha iniciado el camino donde el fútbol pierde protagonismo y lo gana el litigio.
La vía jurídica aparece como el único camino para destrabar un conflicto que, a esta altura es irreconciliable.










