Para el Domingo de Ramos, el Ministerio del Ambiente, Agua y Transición Ecológica reiteró la prohibición del uso de la palma de cera en arreglos religiosos, al tratarse de una especie protegida cuya extracción pone en riesgo la biodiversidad del país.

Con la cercanía de la Semana Santa, las autoridades ambientales recordaron que esta práctica, antes común entre los feligreses, ha disminuido debido a la creciente conciencia sobre el impacto ecológico. En este contexto, el Ministerio lanzó el 24 de marzo la campaña “Tradición y conservación van de la mano”, con el objetivo de fomentar el uso de alternativas sostenibles en los tradicionales ramos.
Según explicó Byron Real, subsecretario de Patrimonio Natural, la palma de cera crece en zonas de la cordillera andina, especialmente en Baños, Pimampiro y Morona Santiago, y presenta un lento proceso de regeneración que puede tomar hasta 80 años, pese a que su ciclo de vida alcanza los 200 años.
Por su parte, Judith Baquero, directora de Biodiversidad de la cartera de Estado, advirtió que existen tres especies de palma de cera en riesgo: dos catalogadas como vulnerables y una en peligro de extinción, lo que refuerza la necesidad de evitar su uso.
Además de su valor ecológico, esta especie cumple un papel fundamental en el ecosistema, ya que sirve de alimento y hábitat para animales como el tapir, el tucán, el oso de anteojos y el loro orejiamarillo.
Frente a esta problemática, las autoridades recomendaron el uso de especies alternativas para la elaboración de ramos, entre ellas azucenas, arrayanes, hortensias, bambú, pino, laurel, eucalipto y romero, que no representan un riesgo para el entorno natural.
El incumplimiento de esta normativa puede acarrear sanciones severas. Quienes sean sorprendidos utilizando palma de cera podrían enfrentar penas privativas de libertad de uno a tres años, así como multas que alcanzan los 4.000 dólares.
Las autoridades hicieron un llamado a la ciudadanía a mantener vivas las tradiciones religiosas sin afectar el entorno natural, apostando por prácticas responsables que contribuyan a la conservación de especies emblemáticas del país.










