Por: Franklin Barriga
Una evaluación del desarrollo turístico en Panamá, ha dado como resultado datos muy positivos para la denominada industria sin chimeneas.
Entre enero y noviembre de 2025, la tendencia ha sido ascendente, debido al aumento del número de visitantes semanales que han llegado al pintoresco país, como también por el dinero que esta actividad ha producido.
En el lapso indicado, por este concepto han ingresado cerca de seis mil millones de dólares, lo que equivale a un crecimiento del 9,3 por ciento en relación con igual período del año anterior. Por el grande, moderno, funcional aeropuerto de Tocumen, han llegado un millón seiscientos cincuenta mil personas, lo que representa incremento de ciento veinte mil visitantes.
Estos resultados son producto de una exitosa política oficial que realmente cumple objetivos, en coordinación con el emprendimiento privado, a fin de que, como oficialmente se sustenta, “Panamá sea reconocido como un destino turístico sostenible de clase mundial, gracias a la extraordinaria riqueza y diversidad de su patrimonio natural y cultural, a la calidad de sus servicios”. En buena hora que ello esté aconteciendo en esas hospitalarias tierras, tan vinculadas a las nuestras.
En el medio en que nos desenvolvemos, sobran lugares para un turismo de recomendable productividad: basta referirse a la belleza de paisajes que, en todas las regiones, pueden ser contemplados con espontánea admiración y a urbes que tienen excepcionales patrimonios de cultura, como Quito o Cuenca. De ninguna manera, a este respecto, pueden ser olvidadas las Islas Encantadas, como se las conoce -desde hace siglos-, a las Galápagos.
Todo ello convierte a Ecuador en un destino turístico privilegiado. Enorme problema constituye la inseguridad que no disminuye y que se proyecta, especialmente al exterior, con caracteres alarmantes.










