Luego de los días festivos de Carnaval, los fieles de Ecuador conmemoraron el Miércoles de Ceniza este 18 de febrero de 2026, fecha que marcó el inicio del tiempo litúrgico de la Cuaresma dentro de la tradición de la Iglesia Católica y convocó a miles de creyentes a templos en todo el país.

La jornada religiosa se celebró inmediatamente después del feriado nacional, dando paso a un periodo de 40 días dedicado a la reflexión espiritual, el ayuno y la penitencia, prácticas que forman parte esencial de la preparación para la Semana Santa. Este tiempo litúrgico antecede al Domingo de Ramos, celebración que recuerda la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y que abre oficialmente el calendario de los días santos.
Durante el Miércoles de Ceniza, como dicta la tradición, los fieles asistieron a ceremonias eucarísticas donde sacerdotes impusieron ceniza sobre la frente en forma de cruz, gesto simbólico que representa la fragilidad humana, la mortalidad y el llamado al arrepentimiento. En ese momento solemne, los ministros pronunciaron frases tradicionales como “Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás” o “Conviértete y cree en el Evangelio”, exhortaciones que invitan a la introspección y renovación espiritual.
La ceniza utilizada en esta liturgia provino, en la mayoría de parroquias, de la quema de los ramos bendecidos el Domingo de Ramos del año anterior, lo que refuerza el sentido de continuidad simbólica dentro del calendario religioso cristiano. Esta práctica conecta dos momentos clave de la fe: la celebración festiva de la entrada de Jesús y el posterior llamado a la conversión personal.
En la ciudad de Riobamba, la jornada también convocó a numerosos creyentes. En la Iglesia Loma de Quito se estableció un amplio cronograma de celebraciones para facilitar la asistencia de la comunidad, con eucaristías programadas desde las 06h00 hasta las 13h00 y en la tarde de 17h00 a 20h00, permitiendo que trabajadores, estudiantes y familias participaran en distintos horarios.
En distintas ciudades y comunidades, la asistencia a los templos reflejó la vigencia de esta tradición milenaria que, más allá de su carácter ritual, representa un tiempo de recogimiento interior para los creyentes. Para muchos, la fecha significó una oportunidad de renovar compromisos espirituales y reflexionar sobre valores como la humildad, la solidaridad y el perdón.
Así, tras la alegría y el colorido del Carnaval, el país transitó hacia una etapa de solemnidad y meditación religiosa, evidenciando el contraste que caracteriza al calendario cultural y espiritual ecuatoriano, donde fiesta y devoción conviven como expresiones complementarias de identidad colectiva.










