Por: Franklin Barriga
Caracteriza a los demagogos los proyectos inviables, con nombres sonoros y de impacto popular, para engatusar a las masas que se dejan seducir por cantos de sirena.
Hace un poco más de dos años, en la administración de Gustavo Petro, se creó en Colombia una nueva cartera de Estado, el Ministerio de la Igualdad y la Equidad, controvertido desde sus orígenes y por su funcionamiento que no responde a la propaganda oficial con que se lo presentó y se lo sigue haciendo.
Los cuestionamientos son fundamentados: con baja gestión y exceso de costosa burocracia, además de ser innecesario, duplica las funciones que cumplen otras entidades que no han desaparecido, como el Departamento de Prosperidad Social.
La senadora Paloma Valencia, con sólido palmarés intelectual y de servicio público, nieta del expresidente Guillermo León Valencia y de Mario Laserna, fundador de la Universidad de los Andes, prestigiosa candidata con serias posibilidades de llegar a la Presidencia de Colombia, se ha expresado en estos términos: “Ministerio con todos los problemas de corrupción e ineficacia, ha ejecutado menos del 10% de su presupuesto, mientras la mayor parte de sus fondos se destinaron a actividades que podrían considerarse burocráticas o de gestión logística, en lugar de llegar directamente a las poblaciones vulnerables del país. Se ha convertido en una estructura pesada que consume gran cantidad de dinero en funcionamiento interno. No ha solucionado problemas reales de equidad en el territorio colombiano”. Acusó, además, de manejar un fondo paralelo que reportó recursos, en “una feria de contratos, burocracia y derroche”.
Catalogado como un ministerio inútil, se cree que, por sus falencias clamorosas, dejará de operar en julio del año en curso. Es una muestra de la improvisación e intereses inconfesables que caracterizan a los regímenes que atrasan a los pueblos.










