¡Más Ecuador! Estrategia, planificación y poder

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Por. Eduardo Diaz A.

Hay que hacer lo que se debe y, este adverbio de superioridad <más> lo dice todo, más fuerza y contundencia para demoler la justicia supina, porque la redirección requiere de un componente geométrico; creemos en la acción, y por la acción llegamos hacer lo que creemos. Y, es que lo positivo se cuida solo, es lo negativo lo que se debe cuidar, porque el mal proceder refleja que lo negativo requiere atención y cuidado, a donde debemos apuntar es a fortalecer el control sobre sectores claves (seguridad, salud, educación, energía, minería y puertos) para reducir no solo las brechas sociales y la equidad redistributiva de los recursos por la deuda pública interna, sino también para reducir las vulnerabilidades del Estado mediante asociaciones estratégicas.

Hay zonas de influencia, <en la costa sobre todo> que menoscaban la capacidad de seguridad interna y, esto implica que debemos ser conscientes, de reconocer las experiencias y relaciones que tiene la función judicial con las estructuras criminales, esto ha derivado en una relación tóxica, que lo jurídico se ha hecho político; hay que equilibrar la balanza de la justicia, depurar el sistema y los malos hábitos judiciales, para alcanzar un bienestar integral. 

La confusión del poder está en no comprender, que la suprema excelencia pública consiste en quebrar al enemigo a la interna, en las instituciones, donde flaquea la transparencia y la seguridad. Y, ¡no! no hablo de la seguridad pública, sino de la seguridad jurídica, donde se da rienda suelta, a la impunidad y al blanco jurídico donde los jueces se han acostumbrado a interpretar las normas de la manera más flexible posible según convenga.

A este enemigo del crimen organizado, se lo quiebra en lo institucional, más que en el territorio del microtráfico y las bandas delictivas, la clave está en tener una estrategia elaborada y, que el poder crea en la acción como la única solución legitima y coercitiva como capacidad del Estado, porque la polarización política, la deuda interna, externa y la desindustrialización, no solo van a acabar con el Estado, sino con el sueño de las futuras generaciones.

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