Isla de paz

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Por: Franklin Barriga

Quedó en el recuerdo lo que a nuestro país se consideraba hace algunos años y que revela el título del presente artículo.

En medio de Colombia y Perú, que estuvieron afectados mucho tiempo por violencia armada y terrorista, Ecuador era una excepción, al que no había llegado este factor adverso que atenta al bienestar y al desarrollo, individual y colectivo.

Tuvo razón ACLED (Datos de Ubicación y Eventos de Conflictos Armados), cuando en su informe relativo al año anterior expresó que aquí se registraría la tasa de homicidios más alta de América Latina y que ahora se ha confirmado con aproximadamente nueve mil homicidios al año.

De ninguna manera es satisfactorio enterarnos de catalogaciones, nacionales e internacionales, que ubican a Guayaquil y otras urbes, como Durán, Machala o Portoviejo, en los primeros lugares de las ciudades más peligrosas del planeta, junto a las mexicanas Colima, Manzanillo, Ciudad Juárez, Tijuana o Acapulco, que fue renombrado centro de atracción turística, por su jet set de antes, viviendas de artistas sobresalientes y clavadistas que en el acantilado se lanzaban al agua desde 40 metros; Puerto Príncipe (Haití), Mandela Bay (Sudáfrica) o Port Moresby (Papúa Nueva Guinea).

A qué extremos de inseguridad habremos llegado, para que el Presidente de la República, emita, precisamente el 31 de diciembre pasado, aduciendo grave conmoción interna, el decreto por el cual declara estado de excepción en las provincias de Guayas, Manabí, Santa Elena, Los Ríos, El Oro, Pichincha, Esmeraldas, Santo Domingo y Sucumbíos, así como en los cantones La Maná (Cotopaxi), las Naves y Echeandía (Bolívar).

No es hora de lamentaciones sino de hechos concretos y efectivos, colaboración nacional y del exterior, para que cambie este lamentable estado de cosas y nuestra querida Patria vuelva a ser la isla de paz que añoramos.

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