Por: Manuel Castro
Sociólogos serios y pensadores angustiados han observado que Latinoamérica no avanza, mientras Estados Unidos, Europa, algunos países asiáticos, ya son parte del primer mundo, debido a que una cosa es lo que soñamos: libertad, trabajo, disciplina, patriotismo, gobiernos dedicados a buscar el bien común, y otra lo que hacemos: dictaduras, corrupción generalizada, arte de burlar la ley, poca importancia a la comunidad. En parte es cierto, porque los resultados son los conocidos: gobiernos antidemocráticos, políticas corruptas, permanentes conspiraciones. No es, como sostienen afiebrados izquierdistas, solo culpa de los Estados Unidos y su indiscutido tutelaje, que lo rechazamos pero a poco pedimos su colaboración en efectivo a la cual decimos en gringo OK.
En el actual caso de Venezuela y la acción de guerra y captura de Maduro, los sesudos analistas, entre ellos los hipócritas izquierdistas radicales, (en el fondo admiradores y auspiciadores del Socialismo del Siglo XXI), opinan que en efecto en Venezuela Maduro es un dictador (se olvidan de Delcy Rodríguez, Diosdado, el otro Rodríguez, los generales, las fuerzas represivas “bolivarianas”) pero que el acto es violación del Derecho Internacional y de la soberanía de Venezuela, que en todo caso los hechos ya no se discuten, y lo que se debe hacer de inmediato es una transición democrática. Los más ilusos piden que se haga cargo del poder González Urrutia y Corina, lo cual es una utopía pues existe un sistema dictatorial firme. Lo real es que sin la tutela de los Estados Unidos no se recuperará la democracia. Si González y Corina toman el poder -que nadie los está entregando- sería un sueño teórico, pues el sistema lo impediría con suma facilidad. Si se convoca de inmediato a elecciones -difícil que sea aceptado- tiene la dictadura interina de Rodríguez un sistema electoral a su disposición y que podría legitimar a los actuales detentadores del poder.
En el país se quiere prosperidad económica, educación y salud eficientes, honradez de los gobernantes, sin embargo, se opone a la extracción del petróleo, a la minería, al arbitraje internacional; se quiere seguridad y lo primero que se pide es respeto a los DD.HH. de los narcodelincuentes, no bases extranjeras, fuerzas armadas y policías angelicales. Nada de impuestos, multas o severas regulaciones.
Y en la justicia se exige imparcialidad, que supone actuar con rectitud, sin prejuicios ni inclinaciones personales, sin tomar partido por ninguna de las partes. Pero extreman tal cualidad, quienes esperan que los jueces sean implacables contra el gobierno y el gobierno espera de tales jueces menos objetividad y equidad, como forma de mantenerse en el poder. De tal forma que se exige a las autoridades judiciales sin criterios personales, todo lo cual en vez de mejorar el sistema de justicia conduce a la corrupción, ya que a nadie se puede exigir que sea totalmente imparcial e impoluto.






