Por: Jaime Durán Barba
La situación venezolana no es el fruto de la aventura de un lunático, sino de un proceso de 25 años en el que las Fuerzas Armadas han controlado la estructura estatal y consolidado un relato en el que cree un sector importante de la población. La instalación de Corina Machado en Miraflores es imposible porque existe un amplio sector de la población, que además está armado, dispuesto a defender la revolución en las calles, mientras que sus partidarios están asustados.
Venezuela tiene instituciones formales como un Parlamento, Poder Judicial, Electoral, las universidades, Policía y gobiernos regionales. Todos estos órganos obedecen al Gobierno de las Fuerzas Armadas y ninguno a la oposición.
Por el contrario, la oposición se encuentra desarmada y dispersa. A pesar de la superioridad tecnológica demostrada por los Estados Unidos y la captura de Maduro, el temor les impide salir a las calles. No pueden gobernar desde la clandestinidad, sabiendo que cuando el policía de la esquina les ubique terminan en la cárcel.
Aunque Estados Unidos posee una superioridad militar y tecnológica abismal e imparable, la política no se hace solo con amenazas. Está determinada por sentimientos e historias en las que cree la gente.
En Venezuela, el 54% de la población tiene menos de 30 años, ha vivido toda su vida bajo la revolución. Crecieron creyendo un relato de dignidad nacional y orgullo histórico, en el que Chávez y Maduro son figuras centrales. La oposición no ha logrado diseñar una historia que le conecte con esta mayoría, se ha enfocado en conceptos como los derechos humanos y la democracia que, aunque válidos, interesan solo a los políticos y no generan emociones en la mayoría. El discurso de Trump le fortalece entre sus partidarios norteamericanos, pero complica a la oposición en Venezuela. Si afirma que intenta quedarse con el petróleo del país, obligarlos a comprar productos norteamericanos, convertirlo en un protectorado, es difícil que muchos venezolanos lo respalden.
Los humanos somos seres con sentimientos. No nos gusta que bombardeen el territorio en que vivimos, defendemos a los que más se nos parecen cuando otros los agreden, amamos nuestros mitos. Como se están llevando adelante las cosas, puede crecer el sentimiento antinorteamericano y en las próximas elecciones, la mayoría puede votar rechazando a los Estados Unidos no solo en Venezuela, sino también en Colombia y en otros países.










