Por: Rodrigo Contero P.
La psiquiatría y la psicología contemporáneas continúan ampliando el estudio de la personalidad, incorporando categorías que no encajan plenamente en la clásica dicotomía entre introversión y extroversión. En ese contexto surge la otroversión, una forma particular de relacionarse con el mundo social: personas empáticas, comunicativas y sensibles que, sin embargo, no sienten la necesidad de pertenecer de manera estable a colectivos o grupos sociales.
La singularidad del otrovertido radica en su independencia. Interactúa con facilidad, escucha, dialoga y comprende, pero no desarrolla un sentido de identificación grupal. Su vínculo con los demás es consciente y selectivo: participa, conversa y coopera, sin que ello implique adhesión emocional ni dependencia social.
El otrovertido suele experimentar una resistencia mental a integrarse en un colectivo. Prefiere transitar por distintos espacios sociales sin anclarse en ninguno, priorizando las conexiones auténticas por encima de las relaciones superficiales. Se siente más cómodo lejos del protagonismo, administra con cautela su energía social y protege su autonomía personal. Aunque no busque liderar, suele ejercer un liderazgo natural basado en el pensamiento crítico, la coherencia ética y una sólida brújula moral interna.
A diferencia de introvertidos y extrovertidos, cuya vivencia social suele estar mediada por la pertenencia comunitaria, el otrovertido se percibe como un elemento extraño dentro de los grupos. Puede compartir actividades y objetivos, pero no establece un vínculo profundo con el colectivo ni con sus miembros. No se trata de rechazo ni de incapacidad social, sino de una desconexión silenciosa que refuerza su decisión de no pertenecer a ningún grupo.
Para el otrovertido, la soledad no es aislamiento ni carencia afectiva, sino un espacio de reflexión, introspección y reafirmación personal. La conexión social es una elección consciente, no una necesidad. Reconocer la otroversión implica aceptar que existen formas legítimas, sanas y valiosas de habitar lo social desde la independencia, la autenticidad y la libertad individual.








